sábado, 26 de marzo de 2011
Cuestionario de la 3a unidad Economia Internacional
2.- Estructura de la Balanza de Pagos de México.
3.- Concepto de cada una de las cuentas que componen la Balanza de Pagos, y en que consisten.
4.- Conceptos de tipo de Cambio.
5.- Concepto de Dinero
6.- Concepto de Paridad Cambiaria.
7.- En que Consiste la Paridad del Poder Adquisitivo.
8.- Que Significa el Indice Big Mac.
9.- Que significa Subvaluación.
10.- Que es la Sobrevaluación.
Favor de hacer ejercicios de Paridad del Poder adquisitivo con el indice Big Mac, con algunas de las monedas de diferentes países y su interpretación.
Estructura de la Balanza de Pagos
Raúl Morales Castañeda
Introducción
Para establecer la naturaleza y la magnitud de las transacciones económicas de los residentes de un país con los residentes del exterior, así como para apreciar sus implicaciones económicas generales, son necesarias la utilización y la comprensión de las balanzas de pagos. Entender la forma y el carácter de los registros que se realizan en esas balanzas es necesario, por otra parte, para hacer un uso adecuado de la información estadística contenida en ellas. Esto hace conveniente la comprensión de la estructura de las mismas y del significado de sus componentes.
El presente es una síntesis de un trabajo más amplio que examina los aspectos contables y estadísticos básicos de las balanzas de pagos, tal y como han sido compiladas y presentadas por el Banco de México en años recientes. Proporciona, de esa manera, los elementos fundamentales para interpretar el estado global de las relaciones económicas del país con el exterior.
El examen conceptual de la balanza de pagos es usualmente el punto de partida para el estudio de lo que se incluye en el campo de análisis de los aspectos monetarios del comercio exterior; es decir, el examen del mercado de divisas, de diversos enfoques en el análisis de la devaluación y el estudio de los sistemas cambiarios y sus implicaciones para las políticas macroeconómicas. En las recién pasadas décadas, este campo ha evolucionado hacia la elaboración de una variedad de modelos dentro de lo que genéricamente se llama macroeconomía de una economía abierta. El estudio de esos temas puede emprenderse a partir de una serie de manuales cuyo propósito es, precisamente, el de analizarlos.1 Este texto, sin embargo, sólo tiene como objetivo examinar dicho punto de partida, la balanza de pagos conceptual y estadística, tal y como se le elabora y presenta en México.
Incluso ciertos aspectos contables y analíticos de la balanza de pagos, en su relación con las cuentas nacionales de producción e ingreso y las del sector monetario-financiero, de una importancia y riqueza significativas, son examinados aquí de manera limitada, dada la extensión del texto y su carácter sucinto. Estos aspectos son tratados por el autor de manera amplia en otro lugar.2
En la sección I se proporcionan una definición y una caracterización rápidas de la balanza de pagos. En la sección II, por su parte, se presentan las balanzas de pagos estadísticas del Banco de México y se describe su estructura de cuentas. En la III se explican los principios de registro de las transacciones, de acuerdo con las prácticas contables de la partida doble y los criterios establecidos por la cuarta edición del Manual de balanza de pagos del FMI (1977), el cual proporciona la base metodológica que tiende a seguir el Banco de México en la actualidad. En la sección IV se ofrecen doce ejemplos de registro de transacciones de acuerdo con los criterios señalados, lo cual permite una comprensión más clara tanto de los principios de registro como del significado de las balanzas de pagos estadísticas que suele presentar el Banco de México. En la sección V se examinan las balanzas parciales de carácter analítico y algunos de sus posibles usos. Por último, en la sección VI se presentan elementos del análisis de la balanza de pagos para caracterizar el estado global de las transacciones económicas y de los pagos de un país con el exterior. Pag 1 Rodolfo Reyes López
I. Definición
La balanza de pagos usual es un registro estadístico, con formato contable, de las transacciones económicas de todo tipo entre los residentes de un país y los residentes del resto del mundo, que suele calcularse para periodos anuales o trimestrales.
Usualmente registra también algunas transacciones que ocurren sólo entre residentes del país para el cual se compila, e incluso registra cambios en ciertos rubros que no corresponden a transacciones propiamente dichas.4
II. Las balanzas de pagos estadísticas del Banco de México
1. Rubros principales

La mejor manera de empezar a estudiarlas es mediante su observación. En los cuadros 1 al 3 se encuentran las balanzas de pagos correspondientes a varios años, tal como en su oportunidad las presentara el Banco de México. En cada una de ellas el lector observará cuatro rubros principales: la cuenta corriente, la cuenta de capital, los errores y omisiones y la variación de la reserva bruta del banco central.
La cuenta corriente registra el valor del flujo de exportaciones y de importaciones, tanto de bienes como de servicios no factoriales y de servicios factoriales, además de las transferencias otorgadas a, o recibidas por, los residentes del país. El flujo de exportaciones corresponde a demanda del exterior que se dirige a la producción interna; el flujo de importaciones a demanda interna que se dirige a la producción del exterior.
La cuenta de capital registra las variaciones en los activos y pasivos de los residentes frente a los residentes del resto del mundo. Se sitúan por separado los cambios en los pasivos y en los activos, clasificados a veces por plazos: ya sean a largo (más de un año) o a corto plazo (un año o menos). También suelen especificarse otros aspectos: sectores acreedores o deudores internos o externos, o bien el tipo de moneda en que están denominados los activos o pasivos. Nótese que de los cuadros 1 a 3, sólo el último presenta un desglose de la variación de activos y pasivos por plazo.
Los errores y omisiones son un residuo que no aparecería en un registro ideal, perfecto, de la balanza de pagos, como el que pudiera derivarse de las transacciones hipotéticas de la sección IV, más adelante. Pero como las estadísticas son imperfectas, al estimarse, a partir de fuentes diversas, los asientos de débito y de crédito que requiere la partida doble, unos y otros no coinciden de manera cabal. Quienes recopilan la información para elaborar las balanzas, después de realizar los refinamientos pertinentes, atribuyen las diferencias a errores y omisiones. Cuando éstos son de magnitud pequeña, digamos menores del 2% del valor absoluto de las importaciones, puede suponerse que realmente son errores y omisiones diversos. Cuanto más excedan esa proporción, más probable será, sin embargo, que reflejen movimientos no registrados de capital.
La variación de la reserva bruta registra las variaciones en los activos internacionales del Banco de México o en el valor de los mismos. La mayor parte de tales variaciones suele deberse a los registros de la cuenta corriente y de la cuenta de capital. Otras son producto de ciertos cambios en la tenencia de metales monetarios (oro o plata), de cambios en el valor en dólares de las tenencias de otras monedas y de la asignación de derechos especiales de giro (deg) al Banco de México por el Fondo Monetario Internacional.5 Una comprensión más plena del segundo tipo de variaciones será posible a partir del examen de las transacciones 9 y 10 en la sección IV, más adelante.
Entre las balanzas parciales de categorías homogéneas de cuentas se encuentran las siguientes:
• Balanza comercial (o de bienes)
Registra las exportaciones e importaciones de todo tipo de bienes, que usualmente pasan por aduana, realizadas por los residentes. Incluye, por ejemplo, las exportaciones de jitomate, camarón, automóviles y otros. También la importación de máquinas-herramienta, partes automotrices y bienes de consumo. El Banco de México suele presentar información adicional por separado, con desgloses por tipo de bienes exportados y tipo de bienes importados (véase el cuadro 4). No debería confundirse esta balanza con la de bienes y servicios o la de cuenta corriente, algo que lamentablemente es común.
• Balanza de servicios no factoriales La distinción entre servicios no factoriales y servicios factoriales dentro de la cuenta corriente fue establecida por la cuarta edición del Manual del fmi, con el propósito de hacer compatibles las estadísticas de balanza de pagos con las de las cuentas nacionales de producción e ingreso.6 La distinción entre unos y otros debiera quedarle clara al lector.
Los servicios factoriales registran las rentas o ingresos de los propietarios de los factores de la producción (trabajo y capital) cuando los servicios de éstos son prestados en un país y los propietarios residen en otro.
Los servicios no factoriales comprenden, a su vez, la compra-venta –entre residentes de un país y los residentes de otro– de servicios que no corresponden a factores de la producción y que en su mayor parte tienen carácter final, como los servicios turísticos y de transporte aéreo. Algunos son, sin embargo, servicios intermedios cuyo valor agregado se incorpora a la producción, como por ejemplo las llamadas telefónicas internacionales de ciertas empresas, que resultan necesarias para producir bienes de consumo o de inversión y de otros servicios. La balanza de servicios no factoriales incluye, entonces, servicios turísticos, desglosados en el rubro de viajeros al interior y el de viajeros fronterizos; pasajes de avión, incluido en el rubro de transportes diversos; renta de películas, pago por llamadas telefónicas y muchos más, según el rubro de otros.
Dos rubros importantes y especiales son el de servicios por transformación y el de fletes y seguros. El primero registraba todavía en 1991 7 la exportación neta de las empresas maquiladoras, correspondiente a su valor agregado en territorio mexicano; aparecía sólo en el lado de los ingresos (cuadro 3a). El segundo, que está incluido en el renglón de servicios no factoriales en las balanzas de los cuadros 1 al 3, corresponde al pago de transportes y seguros relacionados con las importaciones. Todavía en las balanzas de los años setenta, éstas se registraban con valor cif (costo, seguro y flete) y las exportaciones fob (libre a bordo). Ya en los años ochenta, tanto las importaciones como las exportaciones se registraban fob y el pago de seguros y fletes correspondientes a las primeras se registraba como un renglón separado, el cual sólo aparece en el lado de los egresos.
• Balanza de bienes y servicios no factoriales
La suma de las dos balanzas parciales de categorías homogéneas anteriores da como resultado la balanza de bienes y servicios no factoriales. Esta entra en la identidad del producto interno bruto, como se verá más adelante en la sección V.
• Balanza de servicios factoriales
Estos servicios corresponden a los prestados por los factores de la producción. Incluyen: i) los prestados en el país por el capital del exterior (propiedad de residentes del exterior), sea como inversión extranjera directa (ied), inversión de cartera, o de préstamos del exterior denominados en moneda extranjera o en moneda nacional; ii) los prestados por el capital de residentes del país a residentes del resto del mundo; los que pueden incluir la posesión de una empresa o una casa en el exterior, o la concesión de financiamiento por medio de adquisición de títulos de deuda o mediante la realización de un depósito en un banco del exterior; iii) los prestados en el país por personas físicas residentes del exterior: ingenieros, cantantes y otros por el estilo, y iv) los prestados en el exterior por personas físicas residentes del país: un ingeniero que va a trabajar al extranjero menos de un año; o un trabajador que vive en Nogales, Sonora, y que viaja diariamente a Nogales, Arizona, para trabajar.
Es útil, en relación con estos servicios, observar la balanza de pagos del cuadro 3, la cual presenta un mayor desglose que las de los cuadros 1 y 2. Allí los servicios factoriales, por el lado de los egresos, se separan en financieros y no financieros, y los primeros, a su vez, en utilidades, intereses y comisiones. Las utilidades se desglosan en remitidas y reinvertidas, para hacer corresponder estas últimas con un aumento de pasivos que aparece con el mismo rubro en la cuenta de capital (véase también la transacción 11, en la sección IV.1). Los intereses se desglosan de acuerdo con el sector institucional de residentes que los paga.
• Balanza de bienes y servicios totales
La suma de las tres balanzas parciales de categorías homogéneas anteriores da como resultado la balanza de bienes y servicios totales. Ésta entra en la identidad del producto nacional bruto, como se verá en la sección V, más adelante. Rodolfo Reyes López
• Balanza de transferencias
El renglón de transferencias registra la contrapartida de flujos reales o financieros sin quid pro quo económico entre residentes del país y residentes del exterior. Cuando se exporta un bien y se recibe un pago en divisas a cambio, el flujo real de mercancías tiene como contrapartida un flujo monetario-financiero. Uno es el quid pro quo del otro. Cuando un residente recibe un donativo en divisas enviado por un pariente que reside en los Estados Unidos, empero, el flujo monetario-financiero no tiene un quid pro quo económico. Es, sencillamente, un pago a cambio de nada, en el sentido económico, aun si de por medio existiera una relación afectiva o de parentesco que explicara la donación.
Las transferencias corrientes proceden del ingreso corriente del donador y se suman al ingreso corriente del receptor para su uso en consumo o ahorro. Por convención se supone, para propósitos de balanza de pagos, que todas las transferencias son corrientes y que no hay transferencias de capital. En el caso de México destacan las remesas en efectivo y en especie recibidas por familiares, residentes en el país, de mexicanos residentes en los Estados Unidos o de estadunidenses de origen mexicano y con residencia en ese país (véase la transacción 6 en la sección IV.1).
• Balanza de cuenta corriente
La suma de las 4 balanzas parciales de categorías homogéneas anteriores constituye la balanza de cuenta corriente. La característica de los renglones de esta balanza es la de registrar los flujos reales de bienes y servicios o la contrapartida de transferencias reales o financieras. Entra en la identidad del producto nacional bruto disponible, como se verá en la sección V, más adelante.
• Balanza de capital
Las variaciones en los activos y pasivos de residentes frente a residentes del exterior que se registran en la cuenta de capital, pueden clasificarse de acuerdo con varios criterios, entre ellos el plazo, el que sean cuentas de activo o de pasivo, por sector deudor o acreedor interno (bancario o no bancario; público o privado), o deudor externo (si la información estuviese disponible). Sobre la base de esos criterios podrían identificarse diversas balanzas parciales con categorías homogéneas de cuentas.
En los recién pasados años, el Banco de México ha presentado desgloses de cuentas de pasivos y activos, y por sector acreedor o deudor interno. En el caso de los pasivos, distingue créditos y depósitos, por una parte, y la inversión extranjera, por la otra. Esta última la subdivide, a su vez, en directa y de cartera. Al mismo tiempo, ha omitido los desgloses por plazo, tal vez porque considera que tal distinción es un tanto artificiosa. La inversión extranjera de cartera en el mercado accionario, por ejemplo, aunque nominalmente de largo plazo, puede resultar en los hechos de corto plazo, por la existencia de un mercado secundario para las acciones, lo cual le permite al inversionista desinvertir de manera expedita. En las balanzas del cuadro 3, sin embargo, aún se separaba el capital de acuerdo con el plazo. Tómese nota del desglose relativamente amplio de la cuenta de capital en este caso.
En la mayoría de los países, los datos de esta cuenta suelen ser menos precisos que los correspondientes a los de la cuenta corriente.
• Balanza de cuentas de compensación
Estas cuentas corresponden a los tres rubros que el Banco de México registra debajo de las variaciones de la reserva bruta (últimos tres renglones en el cuadro 3b). Están asociadas a cambios en la reserva distintos a los debidos a los resultados de la cuenta corriente y de la cuenta de capital.
Una presentación de balanzas parciales de categorías homogéneas de cuentas se realiza en el cuadro 5.
3. Balanzas resumidas
Una balanza de pagos en su presentación detallada usual, como las ejemplificadas por los cuadros 1 al 3, posee una riqueza informativa considerable, que puede resultar útil para propósitos analíticos diversos. Su uso apropiado puede requerir, sin embargo, un conocimiento preciso no sólo de lo que cubre este artículo, incluyendo el apéndice B, sino también de una fuente metodológica, como el Manual del fmi y de las notas metodológicas ocasionales que publica el Banco de México.8
El observador no especializado, sin embargo, debiera acostumbrarse principalmente a manejar datos de las que llamaremos balanzas de pagos resumidas, que sólo presentan los saldos de los rubros agregados más importantes: la balanza de cuenta corriente; la balanza de capital (neta de errores y omisiones), y la variación de la reserva bruta del Banco de México (neta de las cuentas de compensación). La suma de las dos primeras constituye la que llamamos balanza global. Estos rubros se aprecian en el cuadro 6.
La presentación de la balanza de cuenta de capital, neta de errores y omisiones, surge de que las cifras de magnitud considerable en este último renglón suelen estar asociadas con movimientos de capital no registrado. Al presentar de esa manera la cuenta de capital se obtiene una aproximación mejor al verdadero saldo de la misma, de manera particular cuando el saldo de errores y omisiones es mayor que lo usual. El dato de la variación de la reserva, neta de las cuentas de compensación, nos deja la variación en dicho rubro que está asociada de manera exclusiva al comportamiento de las cuentas corriente y de capital.
Las balanzas resumidas del cuadro 6 nos permiten identificar, de manera fácil, lo fundamental de la situación global de las relaciones económicas y de los pagos de un país con el exterior. Por ejemplo, nos muestra que en México, desde 1989 hasta 1993 inclusive, entradas de capital, de magnitud grande y creciente, permitieron financiar de manera sobrada el déficit de cuenta corriente, que también era de gran magnitud. En 1990, 1991 y 1993, las fuertes entradas de capital permitieron financiar acumulaciones considerables de reservas. En 1994, sin embargo, por el aumento en el déficit de cuenta corriente y por la disminución significativa en las entradas netas de capital, tal déficit ya no pudo ser financiado de manera completa por éstas sino que lo fue, sobre todo, por una disminución cuantiosa en la reserva bruta del Banco de México.
III. Los principios de registro de las transacciones
La comprensión precisa de la balanza de pagos desglosada, así como de lo que constituye y significa un déficit o superávit de la misma, requiere del conocimiento de los principios de registro de las transacciones de la balanza de pagos. Para el efecto es útil el uso de una cuenta T imaginaria, en la que a los registros en el debe se les adjudica un signo menos y a los del haber un signo más. Esto hace explícito el formato contable en el que de hecho se registran todos los componentes de la balanza de pagos, incluso los de cuenta corriente, cuyo carácter contable, de partida doble, no resulta explícito en las balanzas estadísticas del Banco de México.
1. Registros en la cuenta corriente
En la cuenta corriente se registran en el haber las transacciones que proporcionan divisas, como las exportaciones de bienes o servicios y la recepción de transferencias del exterior, en tanto que en el debe se registran las transacciones que hacen uso de divisas, como las importaciones de bienes o servicios y el otorgamiento de transferencias a residentes del exterior. Esto se presenta en el cuadro 7
En las balanzas del Banco de México presentadas en los cuadros 1 al 3, los componentes de la cuenta corriente sólo tienen signos de manera implícita, en donde los ingresos corresponden a registros del haber (con signo positivo) y los egresos a registros del debe (con signo negativo). En éstas sólo se hace explícito el signo del saldo total de la cuenta corriente: negativo cuando hay déficit; positivo cuando hay superávit.
2. Registros de la cuenta de capital
La cuenta de capital registra las variaciones de los activos o pasivos de los residentes frente a los residentes del exterior. De acuerdo con los principios contables, se registran en el haber tanto los aumentos de pasivos como las disminuciones de activos (ambos proporcionan divisas), y en el debe tanto los aumentos de activos como las disminuciones de pasivos (ambos requieren divisas). Las variaciones pueden ser en activos y pasivos de largo o de corto plazo, desglose que no se realiza en el cuadro 8, aunque sí se presenta en el cuadro 10.
En las balanzas de pagos del Banco de México presentadas en los cuadros 1 al 3, los signos de los registros de la cuenta de capital se hacen explícitos.
3. Registros de la variación de reservas
Los principios de registro de éstas corresponden a los de la cuenta de capital, pues las reservas son sencillamente activos internacionales (activos frente a residentes del exterior) del banco central. Un aumento de activos requeriría un signo negativo; una disminución pediría un signo positivo.
Como se hace evidente en las balanzas desglosadas de los cuadros 1 al 3, en ellas el Banco de México sí le pone un signo a la variación de reservas, aunque por convención pone el signo contrario al que le correspondería contablemente. Al parecer, esto es para evitar que un aumento de reservas, que llevaría signo negativo, pudiera ser interpretado como una disminución. Nótese, en contraste, cómo las balanzas de los cuadros 5 y 6 sí presentan las variaciones de reservas con los signos que corresponden a los principios contables.
Hay, asimismo, ciertas partidas de compensación que el Banco de México anota en el rubro global de reservas, porque dan origen a una variación en las mismas, pero sin que se relacionen con operaciones de la cuenta corriente o la cuenta de capital. Un ejemplo de una situación que requiere del uso de tales cuentas es un aumento del valor en dólares de las reservas de francos suizos en poder del banco, en el caso de que esta moneda se revaluara frente al dólar. Por un lado se registraría el aumento en las reservas, en el debe, con signo negativo, y en una cuenta de compensación, llamada ajustes por valoración, se haría una anotación en el haber, con signo positivo (véase la transacción 10, sección IV.1). Los registros en la cuenta de compensación pueden ir, de manera general, ya sea en el debe o en el haber, dependiendo de si hubo una disminución o un aumento en el valor de las reservas. A todos estos registros, sin embargo, el Banco de México, por convención, les cambia el signo que les correspondería de acuerdo con los principios contables.
El cuadro 9 ejemplifica la manera en que se harían los registros en el rubro de reservas de acuerdo con tales principios.
IV. Ejemplos de registro de las transacciones de la balanza de pagos
Las transacciones que se presentan a continuación se registran desde el punto de vista de un país imaginario llamado Tortilandia, cuyos residentes las realizan con los residentes de otros países también imaginarios. Cada transacción da lugar a un registro por partida doble, al menos un asiento en el debe y al menos otro en el haber, los que se realizan bajo rubros amplios. Esto se hace así, de manera particular, en el caso de las operaciones que afectan a la cuenta de capital.
Los registros se realizan de acuerdo con los principios contables, las bases metodológicas establecidas en el Manual del fmi y los desgloses particulares de cuentas presentados por Banco de México en las balanzas de los cuadros 1 al 3a y b. Suponen implícitamente que se posée información completa de cada transacción individual.
1. El registro de las transacciones
Transacción 1. Se exportan mercancías de índole diversa por valor de 2 350 millones de unidades monetarias del exterior (ume). Las divisas se venden al banco central de Tortilandia.
Explicación. La exportación de mercancías proporciona divisas y se registra por ello en el haber del rubro correspondiente. El aumento de las mismas en poder del banco central se asienta en el debe de la variación de reservas. Esto se presenta en el cuadro 11.1.
FALTAN LOS CUADROS
Esta transacción da lugar a una situación en la que las exportaciones “financian” la acumulación de divisas por el banco central.
Transacción 2. Personas físicas residentes de Tortilandia depositan a la vista 60 millones de unidades monetarias extranjeras (ume) en bancos de Orolandia; adquirieron las divisas del banco central de su país.
Explicación. El banco central de Tortilandia experimenta una disminución en sus reservas por el monto de las divisas vendidas a las personas físicas; los activos a corto plazo de estas personas residentes del país, frente a residentes del exterior (los bancos comerciales), aumentan en la misma magnitud. Se registra el cambio de tenedor interno de un activo internacional, sin que se registre el cambio de acreedor externo (ahora el banco comercial en vez del banco central del otro país). La transacción se registra en el cuadro 11.2.
Esta transacción puede interpretarse como una “fuga” de capitales financiada por una disminución en la reserva de divisas del banco central. Desde cierta perspectiva hubiese sido igual si tales residentes sencillamente guardaran las divisas en sus casas debajo del colchón, porque esas divisas serían un pasivo de una institución bancaria extranjera y, como quiera que fuera, ya no estarían en poder del banco central de Tortilandia para ser utilizadas en sostener el tipo de cambio. Ahora bien, en el caso del depósito en un banco comercial del exterior es posible que el banco central de Tortilandia obtenga la información correspondiente y aparezca como tal en la balanza estadística; en el caso de que las divisas sean guardadas en casa, el banco central probablemente no obtendría la información y la contrapartida de la variación de reservas aparecería en el rubro de errores y omisiones en la balanza estadística
Favor de consultar el documento de la Balanza de Pagos en la dirección que se encuentra al inicio del mismo.
jueves, 3 de febrero de 2011
4.1 Organización Mundial de Comercio

El resultado es la certidumbre. Los consumidores y los productores saben que pueden contar con un suministro seguro y con una mayor variedad en lo que se refiere a los productos acabados, los componentes, las materias primas y los servicios que utilizan, mientras que los productores y los exportadores tienen la certeza de que los mercados exteriores permanecerán abiertos a sus actividades.
Otra consecuencia es que el entorno económico mundial se vuelve más próspero, tranquilo y fiable. En la OMC las decisiones suelen adoptarse por consenso entre todos los países Miembros para después ser ratificadas por los respectivos parlamentos. Las fricciones comerciales se canalizan a través del mecanismo de solución de diferencias de la OMC, centrado en la interpretación de los acuerdos y compromisos, que tiene por objeto garantizar que las políticas comerciales de los distintos países se ajusten a éstos. De ese modo, se reduce el riesgo de que las controversias desemboquen en conflictos políticos o militares.
Mediante la reducción de los obstáculos al comercio, el sistema de la OMC también contribuye a eliminar otro tipo de barreras que se interponen entre los pueblos y las naciones.
Los pilares sobre los que descansa este sistema — conocido como sistema multilateral de comercio — son los Acuerdos de la OMC, que han sido negociados y firmados por la gran mayoría de los países que participan en el comercio mundial y ratificados por sus respectivos parlamentos. Esos acuerdos establecen las normas jurídicas fundamentales del comercio internacional. Son esencialmente contratos que garantizan a los países Miembros importantes derechos en relación con el comercio y que, al mismo tiempo, obligan a los gobiernos a mantener sus políticas comerciales dentro de unos límites convenidos en beneficio de todos.Aunque son negociados y firmados por los gobiernos, los acuerdos tienen por objeto ayudar a los productores de bienes y de servicios, los exportadores y los importadores a llevar adelante sus actividades.
El objetivo es mejorar el bienestar de la población de los países Miembros
El primer paso es hablar. La OMC es esencialmente un lugar al que acuden los gobiernos Miembros para tratar de arreglar los problemas comerciales que tienen entre sí.
Su núcleo está constituido por los Acuerdos de la OMC, negociados y firmados por la mayoría de los países que participan en el comercio mundial.
Pero la OMC no se dedica solamente a la liberalización del comercio y en determinadas circunstancias sus normas apoyan el mantenimiento de obstáculos al comercio: por ejemplo, para proteger a los consumidores o impedir la propagación de enfermedades.
Hay múltiples formas de contemplar la OMC. Es una Organización para liberalizar el comercio. Es un foro para que los gobiernos negocien acuerdos comerciales. Es un lugar para que resuelvan sus diferencias comerciales. Aplica un sistema de normas comerciales. (Pero no es Superman ¡no sea que alguien piense que podría resolver — o causar — todos los problemas del mundo!)
Sobre todo, es un foro de negociación … La OMC es esencialmente un lugar al que acuden los gobiernos Miembros para tratar de arreglar los problemas comerciales que tienen entre sí. El primer paso es hablar. La OMC nació como consecuencia de unas negociaciones y todo lo que hace es el resultado de negociaciones. La mayor parte de la labor actual de la OMC proviene de las negociaciones celebradas en el período 1986-1994 — la llamada Ronda Uruguay — y de anteriores negociaciones celebradas en el marco del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT). La OMC es actualmente el foro de nuevas negociaciones en el marco del “Programa de Doha para el Desarrollo”, iniciado en 2001.
Cuando los países se han enfrentado con obstáculos al comercio y han querido reducirlos, las negociaciones han contribuido a liberalizar el comercio. Pero la OMC no se dedica solamente a la liberalización del comercio y en determinadas circunstancias sus normas apoyan el mantenimiento de obstáculos al comercio: por ejemplo, para proteger a los consumidores o impedir la propagación de enfermedades.
Es un conjunto de normas … Su núcleo está constituido por los Acuerdos de la OMC, negociados y firmados por la mayoría de los países que participan en el comercio mundial. Estos documentos establecen las normas jurídicas fundamentales del comercio internacional. Son esencialmente contratos que obligan a los gobiernos a mantener sus políticas comerciales dentro de límites convenidos. Aunque negociados y firmados por los gobiernos, su objetivo es ayudar a los productores de bienes y servicios, los exportadores y los importadores a llevar a cabo sus actividades, permitiendo al mismo tiempo a los gobiernos lograr objetivos sociales y ambientales.
El propósito primordial del sistema es ayudar a que las corrientes comerciales circulen con la máxima libertad posible, siempre que no se produzcan efectos secundarios desfavorables. Esto significa en parte la eliminación de obstáculos. También significa asegurar que los particulares, las empresas y los gobiernos conozcan cuáles son las normas que rigen el comercio en todo el mundo, dándoles la seguridad de que las políticas no sufrirán cambios abruptos. En otras palabras, las normas tienen que ser “transparentes” y previsibles.
Y ayuda a resolver las diferencias ... Este es un tercer aspecto importante de la labor de la OMC. Las relaciones comerciales llevan a menudo aparejados intereses contrapuestos. Los acuerdos, inclusive los negociados con esmero en el sistema de la OMC, necesitan muchas veces ser interpretados. La manera más armoniosa de resolver estas diferencias es mediante un procedimiento imparcial, basado en un fundamento jurídico convenido. Este es el propósito que inspira el proceso de solución de diferencias establecido en los Acuerdos de la OMC.
Nació en 1995, pero no es tan joven.
La OMC nació el 1º de enero de 1995, pero su sistema de comercio tiene casi medio siglo de existencia. Desde 1948, el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) ha establecido las reglas del sistema. (La segunda reunión ministerial de la OMC, celebrada en Ginebra en mayo de 1998, incluyó un acto de celebración del 50º aniversario del sistema.)
No pasó mucho tiempo antes de que el Acuerdo General diera origen a una organización internacional de facto, no oficial, conocida también informalmente como el GATT. A lo largo de los años el GATT evolucionó como consecuencia de varias rondas de negociaciones.
La última y más importante ronda del GATT fue la Ronda Uruguay, que se desarrolló entre 1986 y 1994 y dio lugar a la creación de la OMC. Mientras que el GATT se había ocupado principalmente del comercio de mercancías, la OMC y sus Acuerdos abarcan actualmente el comercio de servicios, y las invenciones, creaciones y dibujos y modelos que son objeto de transacciones comerciales (propiedad intelectual).
Argumentos a favor de un comercio abierto
Los argumentos de carácter económico a favor de un sistema de comercio abierto basado en normas multilateralmente convenidas son bastante sencillos y se fundan en gran medida en el sentido común comercial, pero también están apoyados por pruebas: la experiencia adquirida en materia de comercio mundial y crecimiento económico desde la segunda guerra mundial. Los aranceles aplicables a los productos industriales han bajado considerablemente y, en promedio, son actualmente inferiores al 5 por ciento en los países industrializados. Durante los primeros 25 años posteriores a la guerra, el crecimiento económico mundial fue en promedio de aproximadamente el 5 por ciento anual, tasa elevada que se debió en parte a la reducción de los obstáculos al comercio. El comercio mundial creció a un ritmo aún más rápido, con una media de alrededor del 8 por ciento en el mismo período.
Los datos demuestran que existe una relación estadística indudable entre un comercio más libre y el crecimiento económico. La teoría económica señala contundentes razones para esa relación. Todos los países, incluidos los más pobres, tienen activos — humanos, industriales, naturales y financieros — que pueden emplear para producir bienes y servicios para sus mercados internos o para competir en el exterior. La economía nos enseña que podemos beneficiarnos cuando esas mercancías y servicios se comercializan. Dicho simplemente, el principio de la “ventaja comparativa” significa que los países prosperan, en primer lugar, aprovechando sus activos para concentrarse en lo que pueden producir mejor y, después, intercambiando esos productos por los que otros países producen mejor.
En otras palabras, las políticas comerciales liberales — que permiten la circulación sin restricciones de bienes y servicios — intensifican la competencia, fomentan la innovación y producen éxito. Multiplican los beneficios que reporta el producir los mejores productos con el mejor diseño y al mejor precio.
Sin embargo, el éxito comercial no es estático. La capacidad de competir bien en determinados productos puede desplazarse de una empresa a otra cuando cambia el mercado o cuando la aparición de nuevas tecnologías hace posible la fabricación de productos mejores y más baratos. Los productores tienen estímulos para adaptarse gradualmente y sin demasiados sacrificios. Pueden centrarse en nuevos productos, encontrar un nuevo “hueco” en su actual esfera de actividades o abarcar esferas nuevas.
La experiencia demuestra que la competitividad puede también desplazarse de unos países a otros. Un país que quizá haya gozado de una ventaja porque el coste de la mano de obra era más barato o porque tenía un buen suministro de ciertos recursos naturales, puede también perder su competitividad en algunos bienes o servicios a medida que evoluciona su economía. Sin embargo, con el estímulo de una economía abierta, el país puede pasar a ser competitivo en otros bienes o servicios. Se trata normalmente de un proceso gradual.
No obstante, la tentación de alejar el problema de las importaciones competitivas está siempre presente. Y es más probable que sucumban a la seducción del proteccionismo los gobiernos más ricos, para obtener un beneficio político a corto plazo, mediante subvenciones, procedimientos administrativos complicados y la utilización de objetivos de política legítimos — como la preservación del medio ambiente o la protección de los consumidores — como pretexto para proteger a los productores.
La protección conduce en definitiva a la creación de empresas de producción desmesuradas e ineficientes que suministran a los consumidores productos anticuados y carentes de atractivo. Finalmente, la protección y las subvenciones no evitan que se cierren fábricas y se pierdan puestos de trabajo. Si otros gobiernos aplican esas políticas en todo el mundo, los mercados se contraen y la actividad económica mundial se reduce. Uno de los objetivos que persiguen los gobiernos en las negociaciones de la OMC es impedir esa trayectoria, contraproducente y destructiva, hacia el proteccionismo.
2.8 Instrumentos de Política Comercial.

Sin embargo, en la medida que existe una mayor globalización y apertura económica, en esa medida el papel de las aduanas como instrumento de facilitación comercial cobra importancia en los procesos de integración. http://vlex.com.mx/vid/conoce-instrumentos-politica-comercial-41393741#ixzz1CvPCp4zn
Los instrumentos de la política comercial son numerosos y, en ocasiones, difíciles de identificar. Los cuadros 1 y 2 recogen los principales instrumentos empleados por los gobiernos para regular los flujos internacionales de mercancías. El cuadro 1 presenta las medidas destinadas a frenar las importaciones, mientras que en el cuadro 2 se enumeran las principales medidas utilizadas para fomentar las exportaciones. El instrumento más utilizado es el arancel, que puede ser específico
euros por cada zapato importado) o ad valorem (un 10% sobre el precio internacional del zapato). El empleo de la mayor parte de estos instrumentos está regulado por la Organización Mundial del Comercio (OMC), que tiende a sustituir las medidas no arancelarias por las arancelarias buscando una mayor transparencia en los sistemas de protección de sus países miembros. Puesto que los efectos de todas las barreras arancelarias y no arancelarias, así como los de los distintos tipos de subsidios a la exportación, son muy semejantes, limitaremos nuestro análisis a los efectos del arancel, las cuotas y los subsidios a la exportación. Para ello, recurriremos a los conceptos microeconómicos de excedente del productor y excedente del consumidor.
A. BARRERAS ARANCELARIAS
A.1. Aranceles e impuestos especiales
A.2. Precios de referencia
A.3. Derechos variables
A.4. Derechos anti-dumping
A.5. Derechos compensatorios
B. BARRERAS NO ARANCELARIAS
B.1. Actúan sobre cantidades Directamente
B.1a. Licencias/restricciones cuantitativas
B.1b. Comercio de estado
B.1c. Compras públicas
B.1d. Control de cambios Indirectamente
B.1e. Restricciones en la distribución o la comercialización
B.2. Actúan sobre precios o costes Directamente
B.2a. Depósitos previos a la importación
B.2b. Restricción crédito a la importación
B.2c. Subvención, desgravación y ventajas crediticias a la producción interna Indirectamente
B.2d. Obstáculos técnicos/normas
B.2e. Trabas administrativas
B.3. Sin efectos aparentes
B.3a. Monopolios de producción/distribución
B.3b. Monopolios de transporte
B.3c. Medidas de ajuste
B.3d. Programas estatales de I+D
Instrumentos de política comercial tendentes a fomentar las exportaciones.
A. Ayudas a la exportación
A.1 Subvenciones directas
A.2 Desgravación fiscal y ventajas crediticias
B. Regímenes económicos en aduana
B.1 Admisión temporal
B.2 Otros regímenes económicos en aduana
C. Actuaciones institucionales
C.1 Seguro a la exportación
C.2 Centros de Promoción de Exportaciones
C.3 Zonas francas
D. Supresión barreras a la exportación
D.1 Licencias a la exportación
D.2 Impuestos a la exportación
D.3 Monopolios de exportación
D.4 Trabas administrativas
D.5 Trabas a la inversión extranjera
D.8 Precios de referencia
D.7 Depósitos previos a la importación para empresas exportadoras
E. Supresión del control de cambios a la exportación

ARANCELES moodle.itescam.edu.mx/principal/sylabus/fpdb/recursos/r41580.DOC
Un arancel es un impuesto de importación. Los aranceles se dividen en dos categorías. Los aranceles específicos se imponen como un cargo fijo por cada unidad de bien importada. Los aranceles de valorem se imponen como una tarifa proporcional al valor de un bien importado. Si bien el objetivo principal de los aranceles es proteger tanto a productores y empleados nacionales, de la competencia extranjera, también elevan los ingresos del gobierno.
En cuanto a los aranceles es importante comprender quien pierde y quien gana. El gobierno gana, por que el arancel eleva sus ingresos. Los productores nacionales ganan, por que el arancel los protege de los competidores extranjeros, al incrementar el costo de los bienes extranjeros. Los consumidores pierden ,por que deben pagar mas por ciertas importaciones.
EFECTOS DE LOS ARANCELES
• La imposición de un arancel aumentará el precio nacional del bien obligando a los consumidores a reducir sus compras y a los productores nacionales a aumentar su oferta.
• La producción reducirá el bienestar de los consumidores y aumentará el de los productores al sustituir bienes importados más baratos por producción nacional.
Por lo tanto, la imposición de un arancel del t por ciento, elevada curva de oferta de W a Wt,
§ Los aranceles tienen efectos por su aumento distorsionado de los precios, que lleva a dos reacciones:
§ Una disminución de la demandada de los consumidores
§ Un aumento de la cantidad ofertada por los productores.
§ El subsidio es una alternativa a los aranceles.
SUBSIDIOS
Un subsidio es una asistencia financiera gubernamental a un producto nacional. Los subsidios toman muchas formas, que incluyen donativos en efectivo, prestamos de bajo interés, concesiones fiscales y la participación del capital gubernamental en firmas nacionales. Al reducir los costos, los subsidios ayudan a los productores en dos formas: lo ayudan a competir frente a las importaciones extranjeras baratas y los ayudan a ganar mercado de importación.
Las principales ganancias de los subsidios corresponden a los productos nacionales, cuya competitividad internacional se ve incrementada como resultado. Pero los subsidios deben pagarse. Generalmente el pago se hace a través de la exigencia de impuestos. Por lo que, si los subsidios generan beneficios capaces de exceder los costos es una hipótesis que debe debatirse. En la practica muchos subsidios no san tan exitosos en el incremento de la competitividad internacional de los productores nacionales, pues tienden a proteger la ineficacia, en lugar de promover la eficiencia.
CUOTAS A LA IMPORTACIÓN Y RESTRICCIONES VOLUNTARIAS A LA EXPORTACIÓN
Una cuota de importación es una restricción directa sobre la cantidad que de un bien puede importar un país. La restricción normalmente se hace cumplir mediante la expedición de licencias de importación para un grupo de individuos o firmas. Una variante de las cuotas de importación son las restricciones voluntarias de exportación (RVE). Esta es una cuota que el país exportador impone, generalmente como producto de la solicitud que de ella hace el gobierno del país importador.
Los productores extranjeros aceptan las RVE, ya que , de no hacerlo, podrían desencadenarse aranceles o cuotas de importación punitivas que causaran un daño mucho mayor. Estar de acuerdo con una RVE se considera una manera de salir librado lo mejor posible de una mala situación al mitigar las presiones proteccionistas en un país.
Como los aranceles y subsidios, tanto las cuotas de importación como las RVE benefician a los producto5res nacionales. Las cuotas no benefician a los consumidores. Una cuota de importación o una RVE siempre eleva el precio nacional de un bien importado.
REQUISITOS DE CONTENIDO NACIONAL
Este establece que cierta fracción especifica de un bien se produzca dentro del país. Las regulaciones de contenido nacional han sido ampliamente utilizadas por países en vías de desarrollo, como un dispositivo para cambiar su practica de manufactura de simple ensamble de productos, cuyas partes son fabricadas en otro lugar ala manufactura local de componentes. De manera mas reciente, la cuestión del contenido nacional ha sido adoptada por varios países desarrollados como EE.UU. Para un producto nacional de partes componentes, las regulaciones de contenido nacional proveen protección de la misma manera en que una cuota de importación lo hace, es decir, limita a la competencia extranjera. Los efectos económicos también son los mismos.
POLITICAS ANTIDUMPING
El dumping se define como la venta de bienes en un mercado extranjero a un menor costo que el de producción, o bien como la venta de bienes en un mercado extranjero el precio por debajo del valor “justo” del mercado. Las practicas dumping se consideran como un método mediante las firmas liberan su producción excesiva en los mercados extranjeros.
Las políticas antidumping, son regulaciones diseñadas para castigar a las firmas extranjeras que se dedican a inundar el mercado con productos a bajo precio (dumping) y proteger, por lo tanto, a los productores nacionales de una competencia extranjera desventajosa. Aunque las políticas antidumping varían en cierta medida, la mayoría es similar a la política de EE.UU.
POLITICAS ADMINISTRATIVAS
Las políticas administrativas de comercio son regulaciones burocráticas diseñadas para restringir los niveles de importación. Algunos podrían aseverar que los japoneses son los maestros de este tipo de barreras comerciales, el la actualidad, el arancel formal y las barreras no arancelarias de Japón se encuentran en la restricción mas baja del mundo. Sin embargo, los críticos afirman que las barreras administrativas informales en relación con las importaciones, exceden cualquier compensación.
Un ejemplo de ello lo constituyen los bulbos de tulipán; los países bajos exportan bulbos de tulipán a prácticamente a cada país, en el mundo, con excepción
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2.7 Argumentos para la protección

1. Podría ayudar al país importador a obtener precios más beneficiosos por sus bienes ya que fuerza a los exportadores externos a vender más barato, ya que como el mercado donde colocan sus productos (país importador) está restringido por una tarifa, si no bajan sus precios quedarán sin vender parte de su producción.
Este argumento no aplica obviamente para los países pequeños con nulo poder sobre los precios internacionales.
Las tarifas sólo benefician a aquel país capaz de imponerlas sin correr el riesgo de obtener la misma respuesta del resto del mundo (país con posición dominante).
2. Podría proteger a determinadas industrias de la competencia externa. Esta es la razón más frecuente por la que los países las utilizan. Si afuera se producen bienes más baratos, sindicatos e industrias nacionales demandarán protección, y el gobierno se sentirá presionado a concederla debido a la potencial pérdida de fuentes laborales dada la existencia de mano de obra externa barata. En un mercado libre, las industrias que no pueden competir son aquellas cuya ineficiencia relativa no les permite superar a los exportadores externos. Las tarifas y cuotas que alivianan esta competencia no permiten que los consumidores se beneficien de la especialización internacional. Es verdad que cualquier método que inhiba la competencia externa, en el corto plazo preservará los puestos de trabajo en la industria protegida, pero ¿es sostenible? Va a funcionar a un costo muy elevado, para los consumidores en términos de precios más altos y para la economía en su conjunto en términos de la utilización ineficiente de los recursos. Es necesario analizar entonces ¿cuánto le cuesta a los consumidores preservar
artificialmente cada puesto de trabajo y de cuántos puestos de trabajo estamos hablando? Sería mucho más eficiente que el gobierno ayude a la reconversión de esta mano de obra y a su reinserción en la sociedad de un modo más beneficioso para todos.
3. Entre los argumentos a favor de una protección arancelaria, el de la industria incipiente ha sido de lejos el más utilizado en los países en vías de desarrollo. John Stuart Mill lo consideraba incluso como el único argumento válido. La idea detrás de este argumento es que la implantación de una industria nueva presenta, por lo general, dificultades iniciales que justifican una ayuda temporal del Gobierno y que tales dificultades desaparecen con el correr del tiempo, lo que permite suprimir paulatinamente la ayuda mencionada. Pero esto ocurre con cualquier proyecto de inversión por lo tanto, la protección transitoria que un Gobierno brinda a una industria debe ser evaluada como cualquier otro proyecto de inversión pública y debe realizarse sólo en el caso en que se obtenga un valor presente neto positivo. Por otra parte, la intervención estatal aparentemente estaría corrigiendo una situación provocada por una imperfección del mercado: esa nueva industria no puede acceder a capital en condiciones adecuadas o no encuentra mano de obra adecuadamente calificada, etc. En ese caso, el análisis económico de las distorsiones brinda una receta bien clara: la intervención estatal óptima consiste en intervenir allí donde se origina la falla o imperfección del mercado, eliminándola. En nuestro país, posiblemente la mayor imperfección sea el propio costo del Estado, pero estos problemas deberán atacarse desde sus causas y no tratar de compensar los acrecidos costos empresariales con una protección a su actividad, porque tal “solución” sólo contribuiría a enrarecer aún más el panorama económico desde el momento en que multiplica las distorsiones iniciales.
Argumentos a favor del proteccionismo www.monografias.com › Economia
A pesar de las conclusiones de la teoría clásica, algunos países no han adaptado jamás una política comercial librecambista. La principal excepción fue Gran Bretaña que, entre las décadas de 1840 y 1930, suprimió todas las restricciones a la importación. El predominio histórico de las políticas proteccionistas refleja, por un lado, el poder de los grupos de presión industriales temerosos de la competencia exterior y, por otro, la fortaleza de algunos argumentos a favor de la protección. Estos argumentos pueden clasificarse en tres categorías: los que pretenden un cambio en la composición de la producción, los argumentos relativos al nivel de empleo, y los que defienden un cambio en la distribución de los ingresos. Bajo ciertos supuestos, los tres tipos de argumentos tienen cierta validez teórica, así como algunas limitaciones.
Uno de los argumentos más antiguos utilizados a favor de la protección es el denominado argumento de la industria naciente. Según esta teoría, cuando se reduce o elimina la competencia exterior mediante restricciones a la importación, las industrias nacionales pueden crecer y desarrollarse con más rapidez. En teoría, una vez logrado el desarrollo de estas industrias, se puede suprimir la protección porque las industrias ya pueden competir con las de otros países. Sin embargo, en la práctica la protección permanece, porque las industrias nacionales no logran adquirir la suficiente fortaleza para competir con el exterior. La principal limitación de este argumento es su incapacidad para determinar el tipo de industrias que pueden crecer hasta adquirir la fortaleza suficiente para enfrentarse a una competencia externa.
El argumento proteccionista de la defensa nacional afirma que un país debe evitar depender de otro en lo que se refiere a la fabricación de materiales indispensables para asegurar su defensa frente al exterior, equipos y tecnología que no se pueden adquirir en otros países en caso de guerra. La limitación de este argumento es que no se puede determinar exactamente cuáles son las industrias indispensables para garantizar la defensa nacional.
Un tercer argumento defiende el proteccionismo para evitar el dumping (vertido) externo. El dumping es el fenómeno que se da cuando un país vende en el exterior bienes a precios más baratos de los que adjudica en su propia nación a los mismos productos. La protección está justificada en este caso, sólo si se demuestra que el Estado que practica el dumping pretende lograr en el país que se protege un monopolio, eliminando a los productores nacionales.
Cuando hay mucho desempleo se defiende la necesidad de proteger al país para incrementar la producción nacional y, en consecuencia, el nivel de empleo; se considera que al reducir las importaciones aumentará la demanda de productos sustitutivos nacionales y la producción interior. Los economistas estiman que ésta es una política fundada en el principio de ‘empobrecer al vecino’: la mejora del empleo en el país se consigue reduciendo el empleo y la producción de los demás países. La limitación de este argumento es que provoca reacciones por parte de los demás países que terminan adoptando políticas similares.
La protección puede utilizarse para redistribuir la renta entre diversas naciones y dentro de un mismo país. Por ejemplo, si un país tiene una fuerte demanda de sus exportaciones, puede obtener ingresos a costa de otros mediante la aplicación de restricciones al comercio. Los demás países tendrán más dificultades para conseguir divisas destinadas a pagar las importaciones que desean, por lo que tendrán que reducir el precio de sus productos para hacerlos más baratos, mejorando la relación de intercambio del país proteccionista. Al igual que el argumento anterior, esta táctica suele implicar reacciones adversas por parte de los demás países.
Sin embargo, al entrar en una etapa de recesión, casi todos los países aplican políticas proteccionistas ya que aumentan las presiones de las organizaciones de trabajadores y de otros grupos de presión que se sienten perjudicados durante la recesión.
La integración de las economías mundiales es de tal magnitud que las políticas económicas nacionales de un país afectan a todos los demás. Esto ha provocado la aparición de nuevos argumentos a favor del proteccionismo los cuales afirman que las políticas económicas de algunos países tienen resultados muy perjudiciales. Las reglas sobre comercio surgidas en el seno del Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT) no hacían referencia alguna a las políticas nacionales, pero la Organización Mundial del Comercio ( OMC) tiene, al menos en teoría, la potestad de dirimir las disputas comerciales entre los diferentes países. www.monografias.com › Economia
ARGUMENTOS PARA EL PROTECCIONISMO
Argumentos a favor de las protecciones en condiciones dinámicas.
Son 3 los argumentos a favor de las protecciones que pueden tener un verdadero merito económico.
• “los aranceles pueden alterar la relación de intercambio a favor de un país”. Es un argumento valido para imponer aranceles es que desplazaran la relación de intercambio a favor del país que los imponga y en contra del extranjero. Significa que la imposición de aranceles sobre las importaciones reduce el precio mundial de esta al tiempo que aumenta el precio de las exportaciones de esta.
• “en determinadas condiciones, los aranceles pueden ayudar a reducir el desempleo”. Un arancel subiría el precio de las importaciones, por lo que desviaría demanda hacia la producción nacional. Al aumentar la demanda nacional las empresas contratarían mas trabajadores y disminuiría el desempleo, esta seria también una política de “empobrecer al vecino”.
• “la protección arancelaria de una industria que tiene potencial de crecimiento puede ser eficiente a largo plazo”. Esta protección fomentara el crecimiento de la industria protegiéndola de la competencia extranjera.
Argumentos a favor de los aranceles en un análisis económico incorrecto.
La competencia del trabajo extranjero barato.
Existe otro argumento a favor de la protección, formulado para atraer a los tradabajores, que ha sido el mas popular en E. U. “¿cómo pueden competir los trabajadores americanos con los bienes que produce el trabajo extranjero barato, ya sean los coreanos que fabrican circuitos integrados y ganan $2 por hora, o los brasileños que fabrican acero al carbono y ganan $1 por hora?, es necesario imponer aranceles sobre los bienes extranjeros para poder competir eficazmente”.
Este argumento es incorrecto por que no tienen en cuenta el principio básico de la ventaja comparativa. La razón por la que los trabajadores americanos tienen los salarios mas altos se halla en que son, en promedio mas productivos.
Aranceles de represarías.
“mientras otros países limiten las importaciones o discriminen a nuestros productos, no tenemos mas remedio que jugar al mismo juego para defendernos. Estamos de acuerdo con el libre comercio mientras sea limpio, pero debemos de jugar en igual de condiciones”.
Aunque este argumento parece sensato, no esta bien fundamentado. Como hemos visto cuando otro país eleva sus aranceles, es como si elevara el costo de su trasporte.
Argumento de E. U cuando defendió en 1982 la protección.
“la intervención en el comercio internacional ._ aun cuando sea costosa para la economía de E. U a corto plazo puede estar justificada, si cumple el propósito estratégico de elevar el costo de la política intervencionista de otros gobiernos. Así pues unas medidas debidamente diseñadas, desempeñan un papel potencial… destinado a convencer a otros países de que reduzcan las distorsiones de comercio”.
Este argumento debe utilizarse con suma precaución, lo mismo que la fabricación de mísiles, suele llevar con tanta frecuencia a una carrera armamentista como a un control de las armas, las fanfarronadas proteccionistas pueden terminar perjudicando tanto a fanfarrones como adversarios.
En resumidas cuentas los argumentos a favor del proteccionismo.
• Proteger la mano de obra local frente a la extranjera barata.
martes, 9 de marzo de 2010
3.4 Tipo de Cambio fijo e Independencia Internacional

La Elección del Régimen de Tipo de Cambio - LATTER - Citado por 3
IV REUNIÓN DE ECONOMÍA MUNDIAL A Coruña, 25-26 de abril de 2002RCENE EMERGENTES, AVY DESVENTAJAS - ucm.es La independencia de la política monetaria
Los problemas de la falta de independencia de política monetaria son extremos si el régimen cambiario adoptado es una junta monetaria o la dolarización. Los shocks externos afectarán al interior del país pudiendo acarrear nefastas consecuencias para el crecimiento o 3 Si en 1975 el 87% de los países en desarrollo tenían algún tipo de ancla, en 1996 la proporción era de menos del 50% (Caramazza y Aziz, 1998).
4 Insístase: en este trabajo un tipo de cambio fijo equivale a un régimen cambiario intermedio.8 para el empleo, sin que al gobierno le quede la posibilidad, como la que existe con un régimen cambiario intermedio, de flexibilizar el tipo de cambio para hacer uso de la política monetaria.
Así ocurrió, por ejemplo, en Argentina en 1995 y en Hong Kong en 1997. De ahí que se considere un prerrequisito indispensable para la adopción de un ancla dura que el mercado laboral del país en cuestión sea muy flexible –la flexibilidad en el mercado laboral absorbería los shocks–, pero la flexibilidad del mercado laboral puede ser muy costosa en términos sociales en los países en desarrollo (en los que suele haber mucho subempleo). No obstante, algunos autores explican que, en el caso de los tipos de cambio fijos pero sobre todo en el de las anclas duras, se pueden llevar a cabo las denominadas “devaluaciones simuladas” para absorber los shocks externos negativos, las cuales consisten básicamente en la implantación simultánea de aranceles a la importación y de subsidios a la exportación (Edwards, 2000).
Una de las supuestas y principales ventajas de los tipos de cambio flotantes es, a la vista de lo anterior, que ofrecen la posibilidad de mantener una política monetaria independiente y contracíclica: la política de tipo de interés se utilizaría para conseguir el equilibrio interno, mientras que el tipo de cambio fluctuaría para conseguir el externo; además de que se podrían perseguir metas de mayor crecimiento económico, menor desempleo...
Sin embargo, hay autores (Hausmann et al., 1999; Calvo y Reinhart, 2000) que señalan que la política monetaria en los países en desarrollo con tipos de cambio flotantes no es tan independiente como la teoría señala que debería ser. Hay dos motivos para ello.
Primero, en ocasiones las autoridades monetarias se ven en la necesidad de utilizar la política monetaria para mantener cierta estabilidad cambiaria, dado que la existencia de un tipo de cambio flotante no aísla los precios internos de los shocks externos tan bien como se le supone. Segundo, los tipos de interés se encuentran entre esos precios internos que no están aislados de los shocks externos, lo que asimismo afecta a la independencia de la política monetaria.
Véase primero cómo puede llegar a abandonarse la independencia de política monetaria en pro de la estabilidad cambiaria. La posibilidad de tener una política monetaria independiente y utilizada con criterios contracíclicos descansa en el aislamiento de shocks externos –variaciones en la relación real de intercambio, fluctuaciones de los tipos de interés extranjeros, etc.– que un tipo de cambio flotante supuestamente provee: el tipo de cambio nominal fluctúa evitando que el ajuste a los shocks externos se realice a través de variaciones de precios internos. Pero los tipos de cambio flotantes no siempre traen consigo ese supuesto aislamiento, debido a la posible existencia de indiciación salarial o de pass-through del tipo de cambio al nivel de precios. 9
En primer lugar, si los salarios están indiciados a la evolución de una moneda no nacional, los acontecimientos externos afectan a dichos salarios y, por consiguiente, al nivel de precios interno. Además, la existencia de un tipo de cambio flotante puede acarrear el que esa indiciación salarial sea mayor que si existiera un tipo de cambio fijo. Los trabajadores, ante la existencia de un tipo de cambio errático e impredecible, exigirán o una menor duración del contrato laboral (para poder renegociar el mismo ante cambios del tipo de cambio) o alguna forma de indiciación (para denominar el contrato en una unidad más estable). “En estas condiciones, los salarios nominales tienden a reaccionar más rápidamente a shocks de precios bajo regímenes flexibles que bajo regímenes fijos, conduciendo a una mayor indiciación de facto” (Hausmann et al., 1999, pág. 13). En segundo lugar, que un tipo de cambio flotante no aísle la economía interior puede deberse al denominado pass-through desde los tipos de cambio a los precios. El pass-through consiste en que los movimientos del tipo de cambio nominal se reflejan enseguida en ajustes de los precios nacionales (en ajustes de la inflación), con lo que el aislamiento provisto por los tipos de cambio flexibles es nulo, o casi nulo.
Por todo ello, para que el nivel de precios interno no se vea sujeto a tantas fluctuaciones como el tipo de cambio nominal (que, además, bajo un régimen de tipo de cambio flexible son mayores y más frecuentes que bajo un tipo fijo), los países en desarrollo pueden tratar de controlar esas fluctuaciones del tipo de cambio nominal. Y lo harán precisamente mediante el manejo de los tipos de interés nacionales. Así, se estará renunciando a la independencia de la política monetaria aun teniendo un tipo de cambio flotante de iure.
Es más, ese manejo de los tipos de interés, que se produce para evitar las fluctuaciones del tipo de cambio, tendrá carácter procíclico: por ejemplo, ante un shock adverso que se tradujera en una depreciación, las autoridades elevarían el tipo de interés para evitar tal depreciación, de manera que al efecto recesivo del shock adverso inicial se le suma el efecto recesivo de la elevación del tipo de interés.
Hay algunos estudios empíricos que apoyan la idea de que la política monetaria no es tan independiente ni tan contracíclica como se le supone bajo un tipo de cambio flotante. Hausmann et al. (1999), que utilizan una muestra de países latinoamericanos, señalan lo siguiente: diversos países con tipos de cambio flotantes (Brasil, Chile, México, Perú y Venezuela) subieron los tipos de interés para defender sus monedas tras la crisis financiera de Rusia; en los países con tipos de cambio fijo la política monetaria, si no es menos procíclica que con tipos flotantes, definitivamente no lo es más; y variaciones de los tipos de interés extranjeros no afectaron menos a los tipos de interés nacionales en los países con tipos de 10 cambio flotantes que en los países con tipos de cambio fijos. Asimismo, Calvo y Reinhart (2000), que utilizan datos mensuales de 39 países de África, Asia, Europa y América desde enero de 1970 hasta abril de 1999, documentan la tendencia de países en desarrollo a no dejar flotar libremente sus monedas y a controlar esa flotación con el manejo de las reservas o de los tipos de interés.
Resumiendo, de acuerdo con lo expuesto, el hecho de que un tipo de cambio flotante no aísle como debiera a la economía en cuestión hace que, en ocasiones, se recurra a la política monetaria para defender una cierta estabilidad del tipo de cambio nominal. Por tanto, la política monetaria no es tan independiente ni contracíclica como se supone tendría que ser. Pero, es más, los mismos tipos de interés tampoco están aislados por el hecho de tener un tipo de cambio flotante. Por una parte, por el denominado peso problem y, por la otra, por la exigencia de mayores tipos de interés por parte de los agentes que mantienen activos en moneda nacional ante la ocurrencia de shocks externos, como se describe a continuación.
En primer lugar, algunos países se enfrentan al denominado peso problem que consiste en lo siguiente: las expectativas del mercado al respecto de la evolución del tipo de cambio nominal no son simétricas, en el sentido de que siempre hay mayores expectativas de que se produzca una depreciación que una apreciación. Por ello, los inversores demandarán un tipo de interés más elevado para compensar la eventual depreciación nominal de la moneda local (Hausmann et al., 1999). Así, el peso problem es una vía por la que los tipos de interés nacionales se ven afectados por cuestiones externas a pesar de la existencia de un tipo de cambio flotante. En segundo lugar, si se produce un shock externo comercial, por ejemplo de carácter negativo, la moneda nacional se deprecia en términos nominales. Los agentes que posean activos nacionales se verán afectados, no sólo por una caída de sus ingresos derivada del shock externo negativo, sino también por la caída del valor real de sus ahorros denominados en moneda nacional. En consecuencia, los agentes evitarán mantener activos en moneda nacional o demandarán un mayor tipo de interés para mantenerlos. Así, se puede concluir (como Hausmann et al., 1999) que un tipo de cambio flexible no aísla tan bien como se presupone de shocks comerciales porque éstos acaban por afectar a los tipos de interés5. No obstante, algunos defensores de los tipos de cambio flotantes (como Larraín y Velasco, 2001) argumentan en contra de todo esto: consideran, a la vista de diversos estudios empíricos, que no son tantos los países en desarrollo con “miedo a flotar” sino que muchos de ellos sí que tienen una política monetaria independiente, y que si es así es porque no hay tanta 5 Véase el estudio empírico de Lane (1995), que muestra que los países cuya relación de intercambio es muy variable suelen tener tipos de cambio fijos. 11 indiciación salarial ni pass-through como los defensores de los tipos de cambio fijo consideran que hay. Apoyan su argumentación, además de en diversos estudios econométricos, en el hecho de que países con tipos flotantes, como Chile, México o Singapur, han sufrido recesiones mucho menores que países con tipos fijos, como Argentina o Hong Kong, ante shocks comerciales externos. “En resumen: la información empírica disponible es variada, pero no sugiere que la teoría convencional sea incorrecta: algunas estimaciones muestran que la flotación reduce la necesidad de ajustar el tipo de interés nacional en respuesta a shocks externos” (Larraín y Velasco, 2001, pág. 29).
En cualquier caso, como conclusión a esta discusión puede decirse que (1) un tipo de cambio flotante no provee de tanto aislamiento de los shocks ni de tanta independencia de política monetaria como la teoría convencional sugiere; y (2) a pesar de ello, ese aislamiento y esa independencia son mayores que bajo un tipo de cambio fijo, con lo que puede “tratarse a los escépticos con cierto escepticismo” (Larraín y Velasco, 2001, pág. 24).
La inflación
Un tipo de cambio fijo teóricamente conduce a menores niveles de inflación que uno flexible a través de dos vías: la disciplina y la credibilidad. Por una parte, un tipo de cambio fijo impone disciplina anti-inflacionista al gobierno que lo adopta: si dicho gobierno lleva a cabo políticas fiscales o monetarias inadecuadas, el tipo fijo acabará por abandonarse, y ello conllevaría un considerable coste político que los gobiernos tratarán de evitar. Por otra parte, un tipo fijo provee de un ancla nominal para la lucha contra la inflación, con lo que la lucha anti-inflacionista del país que adopta dicho tipo fijo resulta creíble. Así, las expectativas de inflación son menores y, por tanto, la inflación para unas mismas posiciones fiscal y monetaria también es menor. Téngase en cuenta, en cualquier caso, que el grado de credibilidad dependerá de la transparencia del régimen cambiario intermedio que se adopte. Para que, por ejemplo, la fijación a una cesta de monedas o un tipo de cambio deslizante o una banda de flotación sean creíbles es imprescindible que el mercado pueda verificar el compromiso de las autoridades monetarias con el régimen elegido. Es decir, el mercado tiene que poder verificar los pesos de las distintas monedas en la cesta o la tasa de “deslizamiento” del tipo de cambio o la amplitud de la banda... Y, como Frankel et al. (2000) muestran, es mucho más difícil para el mercado verificar los detalles de un régimen cambiario intermedio que verificar el funcionamiento de los regímenes cambiarios extremos.
Las anclas duras supuestamente tienen la ventaja de ofrecer aún mayor credibilidad y de imponer una aún mayor disciplina fiscal y monetaria al gobierno que las adopta: si existe un tipo de cambio irrevocable y una base monetaria totalmente respaldada por reservas en divisas, la credibilidad de la política anti-inflacionista es mayor que con un tipo de cambio fijo pero ajustable; y la disciplina es también mayor, dado el mayor coste político que tiene abandonar una junta monetaria en comparación con el que tiene abandonar un tipo fijo.
Además, si el ancla dura se establece con una sola moneda (como suele ocurrir) y no con una cesta de monedas, no surgen los problemas de transparencia –y la menor credibilidad que dichos problemas implican– que ciertos regímenes cambiarios intermedios pueden acarrear.
El estudio de Ghosh et al. (2000) confirma que los países con juntas monetarias efectivamente han ganado en credibilidad y disciplina y han logrado, así, bajos niveles de inflación. Por su parte, Edwards (2000) muestra que en Argentina la junta monetaria no supuso el control de las cuentas públicas: desde 1996 no se cumplieron los objetivos de déficit público y se acumuló deuda pública; y que en Panamá los hasta hace poco incontrolables déficit públicos hicieron necesarios numerosos programas del FMI para la supervivencia de su dolarización.
Pero, asimismo, muestra que los niveles de inflación en ambos países fueron muy bajos, a pesar del comportamiento fiscal laxo.
Lo que acaba de explicarse da a entender que los tipos de cambio flotantes no proveen de ningún mecanismo que haga costoso un comportamiento fiscal y monetario laxo. Pero según numerosos autores (Caramazza y Aziz, 1998; Larraín y Velasco, 2001) un tipo de cambio flotante puede proveer de tanta disciplina macroeconómica como un tipo de cambio fijo. Con un tipo fijo las autoridades pueden trasladar la inflación al futuro: un comportamiento fiscal laxo puede redundar en la reducción de las reservas o el incremento del endeudamiento externo, de manera que la inflación no aflora hasta el momento en que el mantenimiento del tipo de cambio deja de ser sostenible. En cambio, con un tipo de cambio flexible los costes en términos de inflación de políticas macroeconómicas inadecuadas se revelan inmediatamente en los movimientos de los precios y del tipo de cambio nominal, lo que puede suponer incluso más disciplina macroeconómica que la que provee un tipo fijo. El estudio empírico de Tornell y Velasco (1998) confirmaría que un tipo de cambio flexible no tiene por qué suponer menor disciplina fiscal y monetaria y, así, mayores niveles de inflación.
Por otra parte, puede ser que la inflación no emane de políticas fiscales o monetarias expansivas, sino de la entrada de capital y el consiguiente crecimiento de las reservas y de la base monetaria. Pues bien, si un tipo de cambio fijo es un factor que atrae capital extranjero (como se explica en García, 2002), quizá un tipo de cambio flotante sea una forma de evitar la aparición de tensiones inflacionistas derivadas de la entrada de capital.
Véanse muy resumidamente las conclusiones de los estudios empíricos al respecto de qué regímenes cambiarios suponen mayor o menor inflación. Algunos estudios (Edwards, 1993; Ghosh et al., 1995) concluyen que los países con tipos de cambio fijos presentan menores niveles de inflación y ésta es menos volátil que en países con tipos de cambio flotantes. Pero estos estudios analizan la experiencia hasta el año 1989. Un estudio más reciente (FMI, 1997), que abarca hasta el año 1996, observa que efectivamente la inflación media ha sido menor y menos volátil en países con tipos de cambio fijos; pero que la diferencia entre la inflación de los países con tipo fijo y la de los países con tipo flotante ha caído notablemente en los años noventa. Asimismo, si se observan casos concretos de países con tipos de cambio flotantes, como México, Chile, Israel o Colombia, se ve que se puede controlar la inflación sin necesidad de fijar el tipo de cambio (Larraín y Velasco, 2001).
El tipo de cambio real y la competitividad
Para comenzar, cabe preguntarse por los efectos de unos y otros regímenes cambiarios sobre la evolución del tipo de cambio real. Con un tipo de cambio fijo tiende a darse la apreciación en términos reales de la moneda local: “La apreciación es generalmente inevitable en programas de estabilización basados en el tipo de cambio” (UNCTAD, 2001, pág. 112).
Puede ocurrir tanto por la inercia de la inflación como por que el tipo de cambio fijo suponga un factor de atracción de capital extranjero que, a su vez, presione al alza sobre la inflación.
La apreciación real de la moneda conlleva, como fue el caso en Asia oriental, una pérdida de competitividad que puede redundar en un incremento de las expectativas de devaluación y, así, de la probabilidad de que se dé una crisis cambiaria. La flexibilización del tipo de cambio permitiría que la apreciación de la moneda, ante la entrada de capital, fuera no real sino nominal, lo que resulta, en principio, menos gravoso para la economía en cuestión, además de desincentivar mayores y más desestabilizadoras entradas de capital. Entonces ¿por qué no se flexibiliza el tipo de cambio a la vista de los costes que impone el mantenimiento de un tipo de cambio fijo? La respuesta puede encontrarse en que el establecimiento de regímenes cambiarios de tipo fijo habitualmente no viene acompañado de una estrategia de salida clara (i.e. cuándo y cómo se va a alterar el ancla). Y el coste político de salir del tipo de cambio fijo cuando no se ha definido claramente cómo y por qué se va a producir esa salida es mucho mayor que si sí se hubiesen definido los términos de la misma (UNCTAD, 2001).
Otra cuestión relacionada con la competitividad es la de si resulta mejor anclar a una moneda o a una cesta de monedas. Cuando el tipo de cambio está fijado a una sola moneda (como ocurría de facto en Asia oriental), la moneda nacional flota con respecto a las otras monedas del mercado de divisas. Si el comercio exterior está muy concentrado en el país al que se ha fijado la moneda, el hecho de que ésta flote con respecto a otras monedas no tiene por qué ser un problema. Pero no siendo así, es decir, teniendo el país en cuestión relaciones comerciales de cierta envergadura con otros países, las fluctuaciones del tipo de cambio de la moneda de referencia –y, por tanto, de la moneda nacional– con respecto a las monedas de esos otros países pueden afectar de forma negativa a la competitividad. Por ejemplo, la apreciación del dólar en 1995 explica, en parte, la pérdida de competitividad de los países asiáticos, dado que éstos comerciaban, además de con EE.UU., con Europa o con Japón.
Además, no sólo los tipos de cambio flotantes de los países en desarrollo pueden padecer una alta volatilidad, sino que las monedas de los principales países industriales (el dólar, el euro y el yen) también son volátiles (UNCTAD, 2001). Ello hace que las fluctuaciones de la paridad de la moneda local con respecto a las monedas con las que ésta no está anclada sean frecuentes y notables, con los consiguientes efectos adversos sobre la competitividad del país (y sobre la gestión de la deuda externa).
Una solución a este problema es fijar el tipo de cambio, no a una sola moneda, sino a una cesta de monedas en las que las monedas de los distintos socios comerciales tengan un peso proporcional al comercio de dichos socios con el país en cuestión. Un problema de esta opción es la dificultad de aplicación que presenta: ¿cómo calcular adecuadamente el peso de cada una de las monedas? ¿cómo deben cambiarse esos pesos relativos ante la ocurrencia de cambios estructurales, sin que la posibilidad de cambiar esos pesos abra la puerta a la manipulación del tipo de cambio? El problema se agudiza si la deuda externa está denominada en monedas distintas a aquéllas de los socios comerciales del país en cuestión. Al otorgar más peso relativo en la cesta a las monedas de los socios comerciales se reducen los problemas de competitividad que las fluctuaciones de esas monedas podrían causar, pero surgirían problemas de naturaleza financiera.
Con una junta monetaria puede ocurrir lo mismo que con un tipo de cambio fijo: que la inercia a la inflación (o la inflación causada por cualquier otro mecanismo) redunde en la apreciación real de la moneda nacional y en el consiguiente descenso de la competitividad y, quizá, del crecimiento y el empleo. De hecho, la moneda de Hong Kong se apreció más que las de los demás países de Asia oriental durante los años anteriores a 1997 (Corsetti et al., 1998); y las de otros países que igualmente tienen o tenían juntas monetarias (Argentina, Estonia, Lituania) también han padecido apreciaciones muy notables desde el establecimiento de las mismas. Por otra parte, con las juntas monetarias no es que la estrategia de salida del régimen cambiario esté mal definida, sino que no puede estar definida en absoluto: “no hay ninguna junta monetaria moderna con una estrategia de salida conocida; de hecho, dar a conocer esa estrategia acabaría con el propósito mismo de la junta” (UNCTAD, 2001, pág. 117). Así, sin estrategia de salida posible, la flexibilización de la moneda resulta más que improbable, aún más improbable que con un tipo de cambio fijo. Finalmente, la fijación del tipo de cambio a una cesta de monedas en lugar de a una sola moneda puede que palie los problemas de competitividad que pudieran surgir, pero resulta que las dificultades de mantener un tipo de cambio fijo con una cesta de monedas se agravan considerablemente si, en lugar de un régimen intermedio de tipo fijo, se tiene una junta monetaria: muchas de las ventajas de este tipo de ancla dura –sencillez, transparencia, observabilidad...– desaparecen si la moneda de referencia no es una sino varias (Larraín y Velasco, 2001).
Las desventajas de los tipos de cambio fijos no implican necesariamente que los tipos flotantes sean la solución. Primero, la existencia de un tipo de cambio flotante no evita la apreciación nominal de la moneda, que si bien es menos gravosa que la apreciación real también afecta negativamente a la competitividad comercial. Es más, las expectativas de apreciación de los agentes pueden autocumplirse, conllevando problemas de competitividad:
si un inversor espera que se produzca una apreciación de la moneda nacional, su inversión en ese país es susceptible de aumentar; el consiguiente incremento de las entradas de capital conduce a una apreciación nominal (y puede que también real) de la moneda local; y se generan, así, los mencionados problemas de competitividad (Furman y Stiglitz, 1998).
Segundo, incluso si el tipo de cambio flotante no redundara en tipos de cambio nominales menos competitivos –en apreciaciones nominales de la moneda en cuestión–, éste no beneficia necesariamente a la competitividad del país. Recuérdese que si existe un alto grado de indiciación salarial, y/o de pass-though de tipos de cambio a precios, las depreciaciones nominales, en lugar de transformarse en depreciaciones reales y la consiguiente mayor competitividad, se transforman en inflación. El estudio empírico de Hausmann et al. (1999) señala que Chile y Perú –países con tipos de cambio flexibles y no demasiada inflación– tienen un elevado grado de indiciación salarial de facto, mientras que Argentina y Brasil –que tienen tipos de cambio menos flexibles– fueron capaces de “desindiciar” sus salarios.
Finalmente, un tipo de cambio flexible está sujeto a más volatilidad. Y si el país que lo adopta es un país muy dependiente del comercio exterior (como suelen ser los países pequeños, en desarrollo o en transición), el impacto en las condiciones económicas internas – hasta en el crecimiento y el empleo– de los vaivenes de la competitividad, generados por las fluctuaciones del tipo de cambio, es muy notable (UNCTAD, 2001). La volatilidad de los tipos de cambio flexibles puede derivar, al menos en parte, de los movimientos transfronterizos del capital. De ahí que ciertos autores (Cooper, 1999) consideren que no sólo los tipos de cambio fijos son incompatibles con la movilidad del capital (dada una política monetaria independiente) sino que los tipos de cambio flexibles también pueden serlo, en el sentido de que conducen a inestabilidad en el comercio exterior del país que los adopta (a no ser que éste sea un país grande y con un comercio muy diversificado, lo que no es corriente entre los países en desarrollo).
Las entradas de capital extranjero y su estructura
Cabe preguntarse en qué medida afecta la existencia de un régimen cambiario u otro a la cantidad y estructura de las entradas de capital. Un tipo de cambio fijo puede fomentar la entrada de mayor cantidad de capital extranjero, así como que éste sea volátil, en moneda extranjera y no cubierto del riesgo de cambio. En primer lugar, un tipo fijo, al reducir el riesgo de cambio (o la apariencia de que existe riesgo de cambio) hace que la prima de riesgo sea menor, con lo que los tipos de interés nacionales son mayores; y unos tipos de interés mayores atraen capital. En segundo lugar, el capital que esos mayores tipos de interés atraen es principalmente capital volátil (préstamos a corto plazo e inversión en bonos). Finalmente, un tipo de cambio fijo, al dar confianza en la estabilidad de la paridad, puede promover el endeudamiento en moneda extranjera y no cubierto convenientemente. Así, como considera Dooley (1999): un tipo de cambio fijo es una forma de garantía que fomenta la toma excesiva
de riesgos y los consiguientes desajustes de vencimientos y denominaciones entre los pasivos y los activos de las empresas nacionales.
El problema de un tipo de cambio flotante a este respecto es que no asegura la desaparición de los desajustes de vencimientos y denominaciones. Eichengreen y Hausmann (1999) analizan teórica y empíricamente el origen de dichos desajustes en los países en desarrollo y concluyen que el problema del riesgo moral (el tipo de cambio fijo actúa como garantía, con lo que si se retirara esa garantía desaparecerían los desajustes) no es tan explicativo como el del “pecado original” (original sin). Este pecado original consiste en que las monedas de los países en desarrollo carecen de credibilidad a los ojos de los agentes financieros internacionales, sea cual sea el régimen cambiario. Así, “la moneda local [de los países en desarrollo] no puede usarse para tomar prestado en el extranjero o para tomar prestado a largo plazo, ni siquiera en el interior del país” (Eichengreen y Hausmann, 1999, pág. 2), con lo que ni con un tipo de cambio flotante pueden evitarse los desajustes de vencimientos y denominaciones de activos y pasivos de las empresas nacionales.
Además, el tipo de cambio flotante tampoco asegura la adecuada cobertura del riesgo de cambio. Por una parte, porque un tipo de cambio flotante aumenta el coste de cubrir el riesgo de cambio, dada la mayor volatilidad del tipo de cambio nominal. Por otra, porque cuando un país no puede endeudarse en moneda nacional tampoco puede cubrir adecuadamente su riesgo de cambio: suponer que alguien al otro lado del mercado está dispuesto a realizar la operación complementaria a la cobertura de la moneda nacional es equivalente a suponer que el país puede tomar prestado en el extranjero en su propia moneda.
Estos autores muestran, además, que la experiencia de muchos países confirma la idea del pecado original: países en desarrollo con tipos de cambio flexibles (por ejemplo, Chile, México o Perú) no tienen una menor proporción de deuda en moneda extranjera ni más cobertura del riesgo de cambio de la misma; mientras que muchos países desarrollados toman prestado en sus respectivas monedas sea cual sea su régimen cambiario.
Una junta monetaria tampoco es la solución al problema de la entrada de capital volátil, en moneda extranjera y no cubierto. Cabría defender que una junta monetaria puede suponer una credibilidad tan total en la moneda nacional que el capital entrante estaría denominado en esa moneda e incluso sería a largo plazo. Pero dada la teoría del pecado original que acaba de revisarse, o dado que rara vez un régimen cambiario de un país en desarrollo resulta total y absolutamente creíble, es más probable que la junta monetaria no evite que las entradas de capital sean en moneda extranjera y en forma de capital volátil. Más aún, si un tipo de cambio fijo supone una garantía suficiente como para que no se cubra adecuadamente el riesgo de cambio que las entradas de capital conllevan, una junta monetaria lo supondrá aún más. Así, una junta monetaria no evita necesariamente unas mayores entradas de capital, ni que éste sea volátil, en moneda extranjera y no cubierto del riesgo de cambio. La única solución al desajuste de monedas y de plazos sería, según Eichengreen y Hausmann (1999), la dolarización. Cuando la dolarización es parcial, como con un tipo de cambio fijo (tan sólo los pasivos están dolarizados, pero no los activos), el riesgo de cambio es notable, lo que induce una considerable fragilidad financiera, y más aún si ese riesgo de cambio no está convenientemente cubierto (Calvo y Reinhart, 1999). Si, en cambio, la dolarización es total (pasivos y activos están dolarizados) desaparece ese riesgo de cambio y, por supuesto, el problema de la no cobertura del mismo, así como el desajuste de vencimientos: “Una vez que el dólar se ha adoptado para todos los pagos domésticos los desajustes de denominaciones se disuelven, ya que las fuentes de ingresos están ahora denominadas en la misma unidad que los pasivos. Los desajustes de vencimientos se atenúan porque ahora es más fácil emitir títulos a largo plazo en dólares” (Eichengreen y Hausmann, 1999, pág. 5).
Matícese aquí que, aunque con la dolarización desaparecen fuentes muy relevantes de fragilidad financiera, ésta no es una panacea. Recuérdense los inconvenientes ya mencionados (pérdida de independencia de la política monetaria, riesgos para la competitividad...) y ténganse en cuenta algunos otros, como la pérdida del señoriaje6 o la inestabilidad bancaria que la ausencia de PUR puede acarrear, como se explica más adelante (aunque la ausencia de PUR no es un problema tan grave como lo sería con desajustes de vencimientos y denominaciones).
Concluyendo: la dolarización evita el desajuste de los plazos de vencimiento y de las denominaciones entre los pasivos y los activos de las empresas nacionales, mientras que tanto con un tipo de cambio fijo o una junta monetaria como con un tipo de cambio flexible resulta probable la aparición de esos desajustes. Cuando el tipo es fijo, es el primer tipo de desajuste –el de vencimientos– el que pone en peligro la estabilidad financiera; mientras que cuando el tipo es flexible, es el desajuste de denominaciones el que resulta peligroso. Veámoslo. Por una parte, la existencia de un tipo de cambio fijo puede entrañar la necesidad de defenderlo mediante elevaciones del tipo de interés. Esta elevación hace peligroso el desajuste de vencimientos: las instituciones financieras no son capaces de hacer líquidos sus activos (que son a largo plazo) para hacer frente al incremento de los costes de su financiación. Así, el sistema financiero local se debilita, aumentando la posibilidad de que se produzca una crisis bancaria. Por la otra parte, un tipo de cambio flexible hace posible que se produzcan depreciaciones de la moneda. El desajuste de denominaciones hace costosa esa depreciación para las instituciones que presentan dicho desajuste (las instituciones que mantienen sus activos en moneda local y sus pasivos en moneda extranjera). Se verá más adelante que, por este desajuste de denominaciones y el coste que supone para las empresas locales, las depreciaciones pueden resultar en una crisis financiera.
Las crisis cambiarias y bancarias
Con un tipo de cambio fijo las crisis cambiarias y bancarias son perfectamente posibles. Las crisis cambiarias lo son dado que el compromiso de las autoridades monetarias de defender el tipo de cambio no es absoluto o, en otra palabras, dada la existencia de una El señoriaje es una fuente de ingresos no despreciable para la mayoría de los gobiernos, con lo que su pérdida puede suponer un problema fiscal considerable. Los defensores de la dolarización (por ejemplo, Calvo y Reinhart, 1999) consideran que este problema puede resolverse mediante un tratado con los EE.UU., por el que el señoriaje allí obtenido fuera parcialmente entregado al país dolarizado. Tal propuesta, que técnicamente podría ser eficaz, está abocada a enfrentarse con serios obstáculos de índole política por parte de los EE.UU. (Edwards, 19
cláusula de escape. Así, los inversores pueden pensar, a la vista de los costes que ese tipo de cambio fijo está imponiendo a la economía en cuestión, que la autoridad monetaria va a abandonar su determinación de defender el régimen cambiario, para poder hacer uso de su política monetaria. Ello puede redundar en una crisis cambiaria por autocumplimiento de las expectativas de los inversores de que el gobierno no va a mantener el tipo de cambio. Por otra parte, las crisis bancarias también son posibles en virtud del hecho de que las autoridades, a pesar de tener la función de PUR, pueden no disponer de suficientes recursos para proteger a los bancos nacionales de un bank run. Ello, como se explica en García (2002), puede terminar en una crisis bancaria por autocumplimiento de las expectativas de los inversores de que el sistema financiero es incapaz de hacer frente a sus obligaciones y de que el gobierno es incapaz de hacer frente a sus garantías.
¿Qué ocurre cuando la determinación del gobierno de mantener el tipo de cambio es prácticamente absoluta, cuando no hay cláusula de escape, como bajo una junta monetaria?
En principio, la credibilidad del régimen cambiario del país en cuestión es muy elevada. Ello responde a tres motivos: a que el agregado monetario está totalmente respaldado por divisas, con lo que los pasivos del banco central pueden cambiarse por moneda extranjera a petición del público; al elevado coste político del abandono del régimen cambiario, que puede estar determinado incluso por ley; y al hecho de que la política monetaria está importada de un país cuya política monetaria es totalmente creíble (del país cuya moneda se tenga como reserva), con lo que no se puede crear dinero con ningún propósito a no ser que se cuente con un exceso de reservas. Por la existencia de semejante grado de credibilidad del régimen, apenas cabe la posibilidad de que se produzcan ataques especulativos contra la moneda local.
Pero la credibilidad de una junta monetaria descansa en la solidez de las instituciones del país, sobre todo de las instituciones públicas, que han de estar comprometidas con una política fiscal prudente, con la renuncia a la actividad de PUR, con el mantenimiento de un alto nivel de reservas, con la estrecha regulación y supervisión del sistema bancario... (Edwards, 2000). En otras palabras, la credibilidad de una junta monetaria no emana directamente de la adopción de la misma, sino que requiere la credibilidad del contexto institucional y político en que se produce esa adopción (que no es tan fácil de conseguir por parte de las economías en desarrollo). Así, la posibilidad de que se dé un ataque a la moneda local sigue existiendo: la voluntad política no es suficiente para convencer a los inversores de la imposibilidad total de que se abandone el régimen cambiario. “No hay ancla, sea cual sea 2000), por lo que no resulta factible en la actualidad. Sobre cómo son las cláusulas de escape las que abren la puerta al equilibrio múltiple, véase Obstfeld (1997). su dureza, que sea irreversible. (...). Entendiendo esto, los inversores probablemente demandarán una prima de riesgo de cambio que, aunque sea menor que la prima correspondiente en regímenes menos fijos, no tiene por qué ser trivial” (Larraín y Velasco, 2001, pág. 6). El spread entre los bonos argentinos denominados en pesos y los denominados en dólares en los últimos años así lo confirma8. Las presiones especulativas que se produjeron contra la moneda argentina y la de Hong Kong tras las crisis de México de 1994 y Asia oriental de 1997 respectivamente también confirman el hecho de que la credibilidad de una junta monetaria puede tambalearse. Bien es verdad que, a fin de cuentas, en muchas ocasiones se logró evitar el abandono del régimen cambiario; pero también lo es que se logró mediante una muy notable elevación de sus tipos de interés y la consiguiente recesión. Y, por supuesto, la prueba definitiva de que una junta monetaria puede sucumbir ante una crisis financiera es el caso argentino de 2002.
Así, las juntas monetarias reducen, aunque no eliminan, la posibilidad de que se produzcan crisis cambiarias. Cabe preguntarse ahora si pueden evitar el estallido de crisis bancarias. La adopción de una junta monetaria supone, entre otras cosas, la renuncia de las autoridades a actuar como PUR (hacerlo sería utilizar de forma independiente la política monetaria). Así, con un sistema bancario desprotegido, aumenta la posibilidad de que se produzcan pánicos bancarios: “bajo una junta monetaria o el patrón oro, el sistema bancario interno queda sin PUR, y (...) ello equivale a una invitación a que se den pánicos bancarios por autocumplimiento de expectativas” (Larraín y Velasco, 2001, pág. 32). Para evitarlo, la junta monetaria tendría que tener reservas no sólo para cubrir la base monetaria sino todos los pasivos líquidos del sistema financiero. Sólo así podría ayudar al mismo en caso de pánico sin recurrir al incremento del crédito interno. Pero resulta prácticamente imposible –y si fuera posible, sería socialmente ineficiente– que un banco central de un país en desarrollo mantenga semejante nivel de reservas.
No obstante, en las juntas monetarias modernas no se dan todas y cada una de las características de una junta monetaria “pura”. Por ello, puede ser que la adopción de una junta monetaria no suponga la renuncia absoluta a que la autoridad monetaria actúe como PUR. De hecho, en Argentina en 1995 se redujeron los requerimientos de reservas de los bancos para evitar excesivos problemas de liquidez. En cualquier caso, si nominalmente hay una junta monetaria, los inversores esperan que no haya PUR, con lo que la posibilidad de que estallen crisis bancarias no deja de existir, al margen de que una vez que la crisis haya estallado las 8 Para más información sobre los relativamente elevados spreads de los tipos de interés de países con anclas duras, véase Edwards (2000) y Larraín y Velasco (2001). autoridades monetarias violen parcialmente su compromiso de no actuar como PUR.
Así, una junta monetaria reduce (aunque no elimina) la posibilidad de que se produzca una crisis cambiaria, pero no tanto la de que se produzca una crisis bancaria (basta con observar lo ocurrido en Argentina en 2001 para confirmar esta afirmación). Si en lugar de por una junta monetaria se ha optado por la dolarización de la economía, prácticamente desaparece la posibilidad de que se dé una crisis cambiaria pero, igualmente, persiste la posibilidad de que estalle una crisis bancaria, dada la ausencia de PUR.
Una forma de evitar el problema de inestabilidad financiera que acarrea la ausencia de PUR es que alguna otra institución, distinta de la autoridad monetaria, ejerza de PUR. Por ejemplo, la presencia de muchos bancos extranjeros en el país redundaría en que las matrices de esos bancos se convierten en los PUR de la economía en cuestión. Otra posibilidad es que la autoridad monetaria estadounidense –en caso de una economía dolarizada o de una junta monetaria con reservas en dólares– ejerza de PUR, lo cual es poco probable dada la resistencia política con la que esta alternativa se encontraría en los EE.UU. (Larraín y Velasco, 2001). Una tercera solución sería que la autoridad monetaria tenga autorización para ofrecer liquidez pero sólo en situaciones de crisis bancarias y que lo haga a través un fondo de estabilización o de líneas de crédito contingentes. Como ejemplos de todo esto, cabe señalar que en Panamá el problema de la no existencia de PUR parece resuelto por la enorme cantidad de bancos extranjeros en el país; y en Argentina se intentó lidiar con el problema de la ausencia de PUR mediante un elevado requerimiento de liquidez a los bancos, la negociación de líneas de crédito contingentes con consorcios de bancos internacionales y con el FMI, y el incremento de la presencia de bancos extranjeros en el panorama financiero nacional (Edwards, 2000).
¿Qué ocurre cuando existe un tipo de cambio flotante? Al igual que la posibilidad de que se dé una crisis cambiaria y la posibilidad de que se dé una crisis bancaria bajo un tipo de cambio fijo están estrechamente ligadas, también lo están la dificultad de que se dé una crisis cambiaria y la de que se dé una crisis bancaria bajo un tipo de cambio flotante, pero siempre que los pasivos no estén denominados en moneda extranjera. Imagínese que se produce una retirada del crédito al sistema bancario, por parte de agentes que tienen sus activos denominados en moneda nacional (que serán agentes nacionales en su mayoría). Por la existencia de un tipo de cambio flexible y por la existencia de PUR (de libertad para el banco central de otorgar crédito a los bancos comerciales), los bancos podrían hacer frente a esa retirada de crédito. Además, el banco central no tendría por qué defender el valor de su moneda, con lo que no estaría obligado a vender dólares a los agentes que hubieran retirado su crédito al sistema financiero y quisieran cambiar moneda nacional por dólares. El exceso de oferta de moneda nacional, que no encuentra una demanda equivalente en el banco central, supondría la depreciación de esa moneda. Si llegara a producirse dicha depreciación, los agentes nacionales –que han retirado sus fondos y no han logrado cambiarlos por moneda extranjera – sufrirían pérdidas. Para evitar esas pérdidas, los agentes nacionales prefieren no retirar el crédito, con lo que no se produce ni un bank run ni una crisis cambiaria, entendiendo ésta como una depreciación acusada, en un período corto de tiempo, de la moneda nacional.
No obstante, esta argumentación se ha realizado bajo el supuesto de que los agentes privados de los que se habla son agentes cuyos depósitos o préstamos están en moneda local.
Si los agentes tienen sus activos en el interior del país en cuestión en dólares y a corto plazo, un tipo de cambio flexible no protege totalmente de una crisis bancaria; y, por tanto, entendiendo una crisis cambiaria como una depreciación notable en un período corto de tiempo, tampoco protege de una crisis cambiaria (Larraín y Velasco, 2001).
De hecho, si los pasivos están denominados en moneda extranjera las crisis que se producen son por autocumplimiento de expectativas, igual que con tipos de cambio fijos (Chang y Velasco, 1998; Hausmann et al., 1999). Un tipo de cambio flotante permite que se produzcan depreciaciones nominales de la moneda local. Y “el miedo a que la moneda se deprecie hasta el punto en que las compañías o el gobierno dejan de ser capaces de pagar [sus deudas] provocará una huida del capital y una depreciación masiva en anticipación de tal evento” (Hausmann et al., 1999, pág. 16). En otras palabras, el miedo a una posible depreciación y a la consiguiente incapacidad de pago de los prestatarios detona una crisis bancaria y cambiaria. Además, la existencia de un PUR no evita el proceso recién descrito, con lo que no evita ese autocumplimiento de las expectativas: si el mercado anticipa que la liquidez otorgada por el banco central va a transformarse en un incremento de la base monetaria, se generan expectativas de depreciación. Éstas, como ya se ha dicho, detonan un pánico bancario y la depreciación esperada.
Otro argumento a favor de que las crisis cambiarias son posibles bajo un tipo de cambio flotante es el de la información imperfecta en los mercados financieros. “En la medida en que hay participantes mal informados en el mercado de deuda de los mercados emergentes, la falta de transparencia y credibilidad de las autoridades dejará a esos países abiertos a la especulación basada en rumores e instintos de rebaño. Esto, a su vez, puede resultar fácilmente en ataques masivos contra la moneda” (Edwards, 2000, pág. 39). Este argumento ni siquiera requiere de la interrelación entre crisis cambiarias y crisis bancarias para que las primeras se produzcan. Basta con que haya asimetría de la información y comportamientos de rebaño para que se puedan dar depreciaciones notables súbitas. La experiencia confirma que es posible que se produzcan crisis bancarias y cambiarias en países con tipos de cambio flexibles. De hecho, según Caramazza y Aziz (1998), de 116 crisis cambiarias (definidas como una depreciación de un 25% o más en un año) que se produjeron entre 1975 y 1996, cerca de la mitad ocurrieron bajo regímenes de tipo de cambio flexible. Domaç y Martinez-Peria (2000) realizan, asimismo, un estudio empírico sobre este asunto y concluyen que un tipo de cambio flotante aumenta la probabilidad de que se produzca una crisis bancaria, aunque ésta tendrá menores costes (medidos por el crecimiento económico perdido) que si se produce bajo un tipo de cambio fijo.
Concluyendo: un tipo de cambio fijo ofrece mayor posibilidad de que se produzcan tanto crisis cambiarias como crisis bancarias; una junta monetaria no elimina del todo la posibilidad de una crisis cambiaria y menos aún la de una crisis bancaria; y un tipo de cambio flexible podría evitar más que otros regímenes la ocurrencia de crisis financieras, pero sólo si los pasivos de las empresas nacionales no están denominados en moneda extranjera (véase el modelo formal, con conclusiones muy similares a éstas, de Chang y Velasco, 1998).
c) Conclusiones
Comiéncese este apartado recordando que muchos economistas ortodoxos han llegado a la conclusión, tras analizar las crisis de Asia oriental, de que son los regímenes cambiarios intermedios los que facilitan el estallido de crisis financieras. Por ello, han recomendado que los países en desarrollo escojan o bien un ancla dura o bien un tipo de cambio flotante. Esta recomendación puede ser objeto de crítica por diversos motivos. En primer lugar, ninguno de los extremos es plenamente satisfactorio. Por una parte, los regímenes más flexibles, si bien reducen la probabilidad de crisis financiera (y esto sólo si los pasivos no están denominados en moneda extranjera), implican fluctuaciones del tipo de cambio nominal que pueden tener graves consecuencias para los países en desarrollo. Recuérdese que la independencia de política monetaria no está garantizada por el tipo de cambio flotante; que éste puede acarrear mayores dificultades para el control de la inflación; que con él no se evitan problemas de competitividad; que no reduce necesariamente los desajustes de vencimientos y denominaciones dado el problema del pecado original; y, sobre todo, que no elimina la posibilidad de que se produzcan crisis cambiarias y/o bancarias por autocumplimiento de expectativas. Por la otra parte, los regímenes de ancla dura, que pueden reducir la probabilidad de que se produzcan crisis cambiarias, acarrean el problema de la falta de independencia de política monetaria y la probable inadecuación de la política monetaria importada; no eliminan automáticamente las tendencias inflacionistas de un país; pueden suponer serios problemas de competitividad dependiendo de quiénes sean sus socios comerciales; facilitan la aparición de desajustes de vencimientos y denominaciones (no la dolarización, sólo las juntas monetarias), dado no sólo el pecado original sino también el riesgo moral; y abren la puerta a crisis bancarias por autocumplimiento de expectativas, debido a la ausencia de PUR.
La UNCTAD (2001) asimismo concluye que las soluciones unilaterales de esquina no son plenamente satisfactorias: “los ‘desalineamientos’ [(misalignments)] y movimientos de la moneda asociados a los regímenes de tipo de cambio flotante pueden tener serias consecuencias para los países en desarrollo con economías pequeñas y abiertas y una relativamente elevada deuda externa denominada en las monedas de reserva. Por otra parte, para la mayoría de los países en desarrollo y en transición, una política de anclaje total a una moneda de reserva y renunciar a la autonomía de política monetaria puede implicar considerables costes en términos de crecimiento, empleo y competitividad internacional” (UNCTAD, 2001, pág. 110).
Una segunda crítica al consenso de los regímenes cambiarios extremos es que si unos y otros países adoptan uno u otro extremo de forma unilateral y no coordinada con los demás puede ocurrir que países con estructuras de comercio exterior muy similares acaben teniendo regímenes cambiarios opuestos. Unos países flotan sus monedas y otros las anclan, con lo que se producen fluctuaciones entre las monedas de los primeros y los segundos que, sumadas a las fluctuaciones de las monedas fuertes, generan cambios demasiado frecuentes y de demasiada magnitud en la competitividad de los países en cuestión. Así “soluciones de esquina unilaterales pueden tener resultados inconsistentes para los países en desarrollo tomados en conjunto” (UNCTAD, 2001, pág. 110). Baste el caso argentino como ejemplo de todo esto: desde octubre de 1997 se depreciaron las monedas de varios países latinoamericanos, entre ellos Brasil (que tenía un tipo de cambio flotante), pero no Argentina (que tenía una junta monetaria); y, dadas las relaciones comerciales argentino-brasileñas, ello conllevó una importante pérdida de competitividad para Argentina, que terminó por padecer una importante recesión.
Una tercera crítica a los defensores de las soluciones de esquina como única forma de evitar la vulnerabilidad a padecer una crisis es que parecen no considerar otras formas de no violar la teoría de la trinidad imposible. Recuérdese que ésta dice que no se puede tener independencia de política monetaria, un tipo de cambio fijo (entendido como régimen intermedio o ancla dura) y movilidad del capital a la vez. Pues bien, un tipo de cambio flotante supone la renuncia a mantener un régimen cambiario de tipo fijo; mientras que un ancla dura supone renunciar a la independencia de política monetaria. Quedaría una tercera forma de no violar la teoría de la trinidad imposible, que los defensores de los regímenes cambiarios extremos implícitamente olvidan o rechazan: la renuncia a la total movilidad del capital. Así, los controles de capital serían la manera de poder seguir manteniendo regímenes cambiarios intermedios e independencia de política monetaria. Véase un análisis de las ventajas en este sentido del uso de controles de capital en García (2002).
Finalmente, cabe considerar que si ninguna de las soluciones unilaterales a la elección de régimen cambiario es convincente9 puede que las soluciones regionales o globales lo sean más. No es éste el lugar para un análisis de las soluciones regionales o globales, debido a la intención original de este trabajo. Baste, pues, con sugerir la necesidad de superar la consideración de la elección de régimen cambiario como una elección unilateral, dado el contexto de globalización financiera en el que esos regímenes cambiarios han de operar. En cualquier caso, a nivel global parece que no se están produciendo avances significativos en el sentido del establecimiento de un nuevo sistema monetario internacional.
A nivel regional, los esfuerzos han sido algo mayores. La Unión Monetaria Europea es un ejemplo interesante de cómo mantener la estabilidad cambiaria entre socios comerciales y, a la vez, gozar de las ventajas de un tipo de cambio flotante frente al exterior de la unión. Las uniones monetarias, no obstante, suponen especiales dificultades para los países en desarrollo.
Una unión monetaria de países en desarrollo carecería de la presencia de una moneda fuerte en su interior lo que implicaría: la posible falta de credibilidad y consiguiente inestabilidad del acuerdo; la falta de coordinación de las políticas financieras o monetarias de las distintas partes del acuerdo; y, sobre todo, la volatilidad con respecto a (y entre) las monedas del G-3, lo que supondría problemas comerciales –dado el peso del comercio exterior con países industriales en los países en desarrollo– y financieros –dado el peso de la deuda denominada en monedas fuertes en los países en desarrollo– (UNCTAD, 2001). Concluyendo: aun no habiendo muy sólidos argumentos para ello, cabe considerarse
que los regímenes cambiarios intermedios merecen todavía ser tenidos en cuenta. Mientras los avances de coordinación regional o internacional sean tan escasos como lo son, y dados los serios peligros de las soluciones de esquina y la renuncia a la política cambiaria que éstos 9 Al decir que ninguna de las soluciones unilaterales es convincente, se quiere decir que todas ellas plantean inconvenientes notables. Pero ello no significa que ninguno de los posibles regímenes cambiarios sirva para ningún país. De hecho, determinados países en determinadas ocasiones reúnen las características idóneas para aprovechar las ventajas y minimizar los inconvenientes de un régimen u otro. Pero en este trabajo no tiene cabida el estudio detallado de los prerrequisitos de adopción de cada uno de los regímenes cambiarios suponen, es necesario repensar los regímenes cambiarios intermedios. Si se conoce por qué
tienen consecuencias negativas, quizá éstas puedan mantenerse bajo control. Por ejemplo, si se es consciente de que los tipos fijos o semi-fijos pueden suponer un poderoso factor pull de demasiado capital extranjero, volátil y en divisas no cubiertas, quizá se pueda mantener el tipo fijo junto con medidas de control de las entradas de capital de semejantes características. Estas medidas de control podrían tener la forma de controles de capital o de regulación y supervisión del sistema financiero interno. Asimismo, si se sabe que los tipos de cambio fijo pueden acarrear problemas de competitividad y crecimiento en caso de que la moneda se ancle a la de un país que no sea el principal socio comercial del país que mantiene el tipo fijo, cabe plantearse la posibilidad de fijar la moneda a una cesta de monedas representativa de la estructura de comercio exterior del país en cuestión. Igualmente, siendo conscientes de que un problema de los regímenes de cambio intermedios es el riesgo de perder independencia de política monetaria, se puede optar por un tipo de cambio que siga siendo intermedio pero más próximo a la flotación que a la fijación total, como las bandas de flotación, los tipos deslizantes... En cambio, las consecuencias negativas de los regímenes de esquina son bastante más insoslayables (sobre todo por parte de los gobiernos nacionales). Por ejemplo, no se puede, por definición, tener ninguna independencia de política monetaria si se ha optado por un ancla dura; así como no se puede evitar la inestabilidad inherente a un tipo de cambio flotante, dado que la volatilidad de los mercados financieros no depende de la voluntad de los gobiernos nacionales.